El 19 de marzo de 1851 nació en Buenos Aires Roque Sáenz Peña, abogado, militar, diplomático y futuro presidente de la Nación. Hijo de Luis Sáenz Peña, quien también llegaría a la presidencia, perteneció a una familia vinculada con la política argentina desde los años de la organización nacional.
Su vida estuvo lejos de limitarse a los despachos porteños: combatió en una guerra extranjera, representó al país en importantes negociaciones internacionales y terminó impulsando una reforma que modificó para siempre el sistema electoral argentino.
Sáenz Peña estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires y posteriormente cursó Derecho en la Universidad de Buenos Aires. Su primera experiencia militar ocurrió durante la revolución de 1874, cuando integró las fuerzas leales al gobierno nacional con el grado de capitán. Derrotado el movimiento revolucionario, continuó vinculado a la Guardia Nacional y poco después comenzó a desarrollar una carrera política dentro del autonomismo bonaerense, entonces encabezado por Adolfo Alsina.
En 1876 fue elegido diputado provincial por Buenos Aires y, con apenas 26 años, llegó a presidir la Cámara. Un año después participó, junto con Leandro Alem, Aristóbulo del Valle, Hipólito Yrigoyen, Lucio Vicente López, Pedro Goyena y otras figuras de aquella generación, en la creación del Partido Republicano. En 1878 renunció a su banca y se apartó temporalmente de la actividad política. La pausa, sin embargo, no duraría para siempre: la historia le tenía reservado un escenario mucho más lejano que la política bonaerense.
En 1879 comenzó la Guerra del Pacífico entre Chile y la alianza formada por Perú y Bolivia. Sáenz Peña decidió ofrecer sus servicios al gobierno peruano y viajó a ese país, donde recibió el grado de teniente coronel. Participó en distintas operaciones militares y combatió en las batallas de San Francisco y Tarapacá, antes de formar parte de la defensa de Arica, uno de los episodios más importantes de aquella guerra.
Roque Sáenz Peña en uniforme del Ejército peruano.Durante el combate fue herido en el brazo derecho y cayó prisionero de las fuerzas chilenas. Permaneció aproximadamente seis meses cautivo y recuperó su libertad en septiembre de 1880. Su participación en la guerra convirtió al joven abogado argentino en una figura singular de la política de su tiempo: había dejado momentáneamente la disputa partidaria de Buenos Aires para combatir del otro lado de la cordillera en una guerra que no involucraba directamente a la Argentina.
De regreso en Buenos Aires, Sáenz Peña retomó la actividad pública y fue designado subsecretario de Relaciones Exteriores. En 1882 renunció al cargo y viajó a Europa, donde amplió sus contactos políticos e intelectuales. Dos años después regresó al país y participó en la fundación de la revista Sud América, publicación en la que compartió espacio con figuras como Paul Groussac, Carlos Pellegrini y José María Ramos Mejía.
Su carrera diplomática tomó impulso durante la presidencia de Miguel Juárez Celman. En 1886 fue designado ministro plenipotenciario en Uruguay y, en 1889, participó de la Conferencia de Montevideo sobre Derecho Internacional Privado. Su actuación lo llevó posteriormente a Washington, donde integró junto con Manuel Quintana la delegación argentina que participó de la conferencia panamericana convocada por Estados Unidos.
En Washington, en marzo de 1890 Sáenz Peña defendió una posición contraria a los proyectos estadounidenses de integración económica continental bajo su liderazgo. Frente a la concepción expresada en la fórmula “América para los americanos” -Doctrina Monroe- , pronunció una frase que quedaría asociada a su trayectoria diplomática: “América para la humanidad”.
Con esa expresión sintetizó la posición argentina de rechazo a una estructura continental que colocara a los demás países americanos bajo una relación de predominio de Estados Unidos.
Su actuación diplomática fortaleció su perfil internacional y terminó llevándolo al ministerio de Relaciones Exteriores durante la presidencia de Juárez Celman. Permaneció en el cargo hasta la crisis de 1890, cuando la renuncia del presidente abrió paso al gobierno de Carlos Pellegrini. Después ocupó otros cargos públicos y continuó participando de la vida política argentina, aunque durante varios años permaneció alejado de los primeros planos.
El regreso definitivo de Sáenz Peña a la escena nacional llegó con su candidatura presidencial para las elecciones de 1910. Asumió el 12 de octubre de ese año y encontró un sistema político en el que el fraude, la manipulación electoral y el voto cantado formaban parte de las prácticas cuestionadas por distintos sectores de la oposición. Su gobierno decidió avanzar sobre una de las estructuras centrales del régimen político: la manera en que se elegían las autoridades nacionales.
El presidente impulsó junto con su ministro del Interior, Indalecio Gómez, una reforma electoral que terminó concretándose en la Ley 8.871, sancionada el 10 de febrero de 1912. La norma estableció el voto secreto y obligatorio para los varones argentinos mayores de 18 años y organizó un padrón electoral basado en los registros del servicio militar. También incorporó el sistema de lista incompleta, que permitió la representación de la primera minoría en la Cámara de Diputados.
La denominada Ley Sáenz Peña modificó profundamente las reglas electorales, pero llamarla simplemente “sufragio universal” puede resultar engañoso si se utilizan los criterios actuales. El régimen de 1912 amplió la participación política masculina, pero dejó afuera a las mujeres, a los extranjeros que no se habían naturalizado y a los habitantes de los Territorios Nacionales, además de establecer otras exclusiones previstas por la legislación.
El voto femenino llegaría décadas después, con la sanción de la ley 13.010 en 1947. Por eso, la reforma impulsada por Sáenz Peña debe entenderse dentro de su propio contexto histórico: significó una ampliación considerable del electorado masculino y modificó las condiciones de competencia política, pero no creó el sistema de sufragio universal que conocemos en la actualidad.
La reforma tuvo consecuencias concretas en la política argentina. La Unión Cívica Radical, que durante años había recurrido a la abstención electoral para denunciar las condiciones del régimen, participó de los nuevos comicios. En 1916, Hipólito Yrigoyen llegó a la presidencia de la Nación mediante el sistema inaugurado por la reforma electoral de 1912, dando comienzo a una nueva etapa de la política argentina. (www.REALPOLITIK.com.ar)
Sáenz Peña no llegó a completar su mandato. Su salud se deterioró durante los últimos años de su vida y en 1914 solicitó licencia para apartarse de la Presidencia. Murió el 9 de agosto de ese año, a los 63 años, sin llegar a regresar definitivamente a la Casa Rosada. (www.REALPOLITIK.com.ar)