Lunes 5 de octubre de 2026

Política

Estados Unidos

Cómo funciona el modelo estatal que Javier Milei cuestiona, pero al que compra armas

05/10/26 | Los F-16 y Stryker se fabricaron en plantas estatales de Estados Unidos, un modelo que contrasta con el discurso del gobierno argentino.


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Por:
Jorge Suárez

En la localidad de Lima, estado de Ohio, se encuentra el Centro de Fabricación de Sistemas Conjuntos (conocido por su sigla en inglés, JSMC). Creado en 1942, por necesidades derivadas de la segunda guerra mundial, el centro, propiedad del Ejército de Estados Unidos, pronto quedó bajo la operación de United Motors Service, mediante una concesión. En los años 80, en sus instalaciones se fabricaron los tanques Abrams. Desde 1982, General Dynamics quedó como responsable del JSMC y el departamento de Defensa (hoy de Guerra) como propietario de las instalaciones, que abarcan 148 hectáreas y emplean a más de 800 personas. Además de tanques, se fabrican diversos sistemas blindados, incluyendo el Stryker.

La citada planta industrial también es proveedora de material a clientes externos. La guerra de Ucrania, sin ninguna duda, impulsó la actividad industrial del JSMC, junto con los programas de modernización del Ejército de Estados Unidos y los contratos para Polonia y Arabia Saudita. Vale la pena destacar que estamos frente a la única fábrica con capacidad de producir tanques en dicho país.

El Ejército estadounidense es propietario de varias plantas industriales, entre ellas el Arsenal de Rock Island, ubicado en una isla en el Mississippi, entre los estados de Illinois e Iowa. El complejo alberga a ochenta organismos privados y públicos y se destaca por contar con la única planta de fundición de metales del departamento de Guerra. Además de producir aleaciones especiales y de alta calidad para la industria militar, se fabrican drones gracias a una innovadora planta de impresión 3D. Dicha tecnología permite producir también piezas de recambio, que en muchos casos son difíciles de obtener, y construir un prototipo de puente de hormigón. El Arsenal de Watervliet, operado por el Ejército de Estados Unidos y de su propiedad, data de los tiempos del nacimiento de la nación estadounidense. Es responsable de la fabricación de piezas de artillería y cañones de diverso tipo, entre ellos los de los modernos tanques Abrams M1.

Dependiente del Comando de Apoyo, se encuentra el Comando Conjunto de Municiones, responsable de suministrar municiones de todo tipo, proyectiles, explosivos y armamento diverso a los otros servicios armados estadounidenses. Es propietario de ocho plantas industriales, en su mayoría operadas por contratistas privados.


52 F-35 en un ejercicio aéreo que muestra parte del poderío militar absoluto de los Estados Unidos.

La Fuerza Aérea de Estados Unidos también es propietaria de instalaciones donde se fabrican aviones de diverso tipo desde la segunda guerra mundial hasta la actualidad. La Planta número 4 de Fort Worth, Texas, produce aviones de combate F-16 y F-35. Lockheed Martin es el operador de las instalaciones industriales, que generan empleo para 17 mil personas. Existen varias plantas del mismo tipo, como la AFP 6, ubicada en Marietta, Georgia, donde Lockheed Martin fabrica aeronaves de transporte pesado de carga, como el C-130 Hercules y el C-5 Galaxy.

El modelo de gestión de las plantas de producción de defensa de propiedad estatal en Estados Unidos

El modelo adoptado, GOCO (Government-Owned, Contractor-Operated o de Propiedad Gubernamental y Operado por Contratistas), es un esquema institucional e industrial clave utilizado por el Departamento de Guerra. En él, el Estado federal es propietario de la infraestructura física, que abarca el terreno, las instalaciones y la maquinaria, mientras que una empresa privada administra, contrata la mano de obra y lleva a cabo la producción. Este modelo permite a los contratistas privados evitar invertir cifras millonarias para desarrollar infraestructura industrial, al asumir el Estado federal el costo de capital de largo plazo.

La empresa privada aporta eficiencia en la gestión, asume los riesgos en materia de contratación y puede operar con un alto grado de flexibilidad a la hora de adquirir insumos o adaptarse a las demandas del mercado.


El departamento de Guerra (Foto: France 24).

Un Estado presente en apoyo a la industria, a contramano del “relato” libertario

El departamento de Guerra tiene programas de apoyo a las empresas por medio de una oficina específica, la Oficina de Capital Estratégico. Su objetivo es incentivar al sector privado a invertir en el área de defensa. Esto incluye créditos de hasta 150 millones de dólares con baja tasa de interés. Desde 2024 hay una estrategia industrial de defensa para fortalecer, apoyar o desarrollar capacidades industriales y tecnológicas. La política se orienta a incentivar a pequeñas y medianas empresas.

Entre los puntos destacables de esta estrategia podemos mencionar el fortalecimiento de las cadenas de suministro, con especial importancia en minerales críticos, microelectrónica y ciberseguridad; la financiación de capacidades, especialmente en materia de municiones, misiles y construcciones navales; y el apoyo a la capacitación de mano de obra calificada, incentivando escuelas especializadas y programas de formación.

La industria naval es objeto de especial atención por parte del gobierno estadounidense. En 2025, el presidente Donald Trump dio instrucciones para la construcción de un astillero de reparaciones navales para apoyar a la flota de submarinos y portaaviones. La Orden Ejecutiva (OE) 14269, que prevé el plan “Restaurando el dominio marítimo de Estados Unidos”, fija como objetivos: coordinar a las agencias federales para simplificar la regulación y revitalizar la industria marítima estadounidense; crear programas de financiación y zonas de inversión para impulsar la construcción naval y la infraestructura portuaria; ampliar la capacitación y educación de la fuerza laboral marítima; y colaborar con los aliados para armonizar las políticas comerciales y atraer inversión extranjera al sector marítimo estadounidense. Existe una política orientada no solo a mejorar la industria e incrementar sus capacidades para atender las necesidades militares, sino también a recuperar la marina mercante.


Donald Trump durante un ejercicio militar (Foto: El País).

¿Y por casa cómo andamos?

Tanto el oficialismo como importantes sectores militares han mostrado simpatía y cercanía con Estados Unidos, sosteniendo una política de alineamiento automático que recuerda a la década del 90, con escasos beneficios estratégicos. Ironías del destino, en dicho país el Estado federal controla total o parcialmente numerosas empresas vinculadas al sector financiero, el transporte, el servicio de correos y la construcción de viviendas. Asimismo, el gobierno federal participa como accionista minoritario en una treintena de compañías, entre ellas la tecnológica Intel y la siderúrgica US Steel, por razones de seguridad nacional o por ser entidades de interés estratégico. Es de público conocimiento que el presidente Donald Trump tiene simpatías por regímenes de economía de planificación centralizada o socialistas.

Existen sectores vinculados con la base industrial del país cuya pérdida o disminución de capacidades afecta el liderazgo de Estados Unidos y lo coloca en un estado de dependencia de actores externos. Esto impulsó a Washington a incrementar la presencia del Estado como socio en empresas consideradas clave para la economía y la defensa.

El gobierno federal de Estados Unidos y sus responsables de defensa apuestan al talento nacional, a fortalecerlo y brindarle asistencia. Esto genera un efecto multiplicador, con empleo e innovación que puede ser de utilidad para el sector civil. El dinero de los contribuyentes vuelve no solo en seguridad, sino también en inversiones, empleo y desarrollo.

Un camino muy distinto al que toma nuestro ministerio de Defensa, que destina millones a sistemas de armas llave en mano, cuando parte de esos recursos podría destinarse a recuperar ciertas capacidades industriales de valor estratégico y generar empleo, favoreciendo a numerosas pymes. Esto tendría un efecto en la economía en un contexto donde muchas de ellas están condenadas a la extinción, con un grave impacto socioeconómico y una pobreza creciente. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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