Lunes 5 de octubre de 2026

Opinión

A tres años de un error

La crónica de una oportunidad perdida y el regreso al laberinto liberal

05/10/26 | En 2023 los argentinos optaron por el voto castigo. Tres años después, el país sufre las consecuencias


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Por:
Gustavo Zandonadi

En pocos días más se cumplen tres años de un domingo que dotó de actualidad a los viejos monólogos de Tato Bores. Mirar hacia atrás no implica añorar un pasado idílico que no existió. La economía de Alberto Fernández distaba enormemente de ser un paraíso terrenal. No obstante, su gestión no puede ser juzgada con la misma vara que a otros gobiernos porque tuvo que enfrentar circunstancias inéditas. Quizá por eso Sergio Massa hubiera merecido una oportunidad, pero ahora ya es tarde. 

La experiencia que dejan estos tres años es que una cosa es evaluar una gestión como un fracaso y otra distinta es abrazar aquello que a lo largo de la historia argentina demostró ser la causa de las miserias actuales. En noviembre de 2023, la sociedad tuvo frente a sí una decisión trascendental y eligió a Milei, que hizo todo para ser un tirano. La pregunta es como es que el liberalismo pasó de ser mala palabra a ser visto como la novedad de la política. En eso jugaron un papel muy importante las redes y un sector de la prensa, que alguna vez deberá hacer un mea culpa. 

Lo que se vendió como una propuesta de ruptura no es otra cosa que el antiperonismo recalcitrante de antaño, implantado en el pensamiento de una sociedad intelectualmente permeable. Los nuevos tiempos trajeron una industria del entretenimiento todopoderosa, que entrega el material digerido. ¿Cómo puede competir contra eso, un libro que exige el trabajo de leerlo y pensarlo? Imposible si la gente deja de leer para llenarse de series basura que producen las plataformas. 

El poder de la comunicación política impuso con fuerza a una figura que a simple vista no era normal, pero movía el amperímetro. Ese individuo, sin otra propuesta que la violencia, ganó por efecto del voto castigo. ¿Castigo contra quién? A la luz de los acontecimientos posteriores, queda claro que el castigo ya no era contra el gobierno saliente, sino contra los trabajadores, los jubilados y las personas con discapacidad.  

Un viejo libreto con nuevos protagonistas

Como sostuvimos en su momento, en la columna “Liberales en el gobierno: bombas, fusilamientos y la mayor estafa al pueblo argentino”, publicada en 2023 en otro portal platense, quienes hoy levantan la bandera de la libertad económica no surgieron de un repollo. Son parte del “elenco estable” del liberalismo: una sucesión de funcionarios, economistas que en diferentes gobiernos, defendieron las mismas recetas. Los nombres cambiaron, pero el modus operandi y las ideas son las mismas.

Si miramos al pasado, nos encontramos con Álvaro Alsogaray. El fallecido dirigente ucedeísta es quizás uno de los ejemplos más claros. Su influencia atravesó gobiernos civiles y militares y lo convirtió en una figura central de la política económica argentina entre los años 50 y 90. La historia no se repite mecánicamente, pero tiene una desagradable costumbre: llamar a los sospechosos de siempre.

Martínez de Hoz y la bicicleta financiera

Otro oscuro personaje de esta historia macabra fue José Alfredo Martínez de Hoz, tristemente célebre ministro de Economía de la última dictadura militar. Su política de desregulación económica, apertura comercial y libertad total para la actividad financiera golpearon fuertemente al aparato productivo. Miles de establecimientos industriales desaparecieron mientras la timba premiaba a los especuladores.

Al mismo tiempo, la deuda externa se multiplicó. El pasivo pasó de poco más de 5.000 millones de dólares en 1976 a alrededor de 30.000 millones en 1981, mientras la especulación financiera adquiría un peso creciente. La gestión de Martínez de Hoz terminó dejando una factura gigantesca que, lejos de desarmarse con la vuelta de la democracia, nos condiciona hasta la actualidad.

La estatización de la deuda privada -a instancias de Domingo Cavallo, presidente del BCRA en 1982- completó uno de los capítulos más cuestionados de aquel proceso. La investigación judicial impulsada por Alejandro Olmos dejó documentadas numerosas irregularidades vinculadas con el endeudamiento externo y convirtió aquella causa en una referencia histórica para quienes estudian la deuda argentina. 

¿Por qué volvimos a elegir lo mismo?

La respuesta no está únicamente en la ignorancia. También tiene que ver el hartazgo y la desinformación. En marzo de 2020 cerró el mundo por la pandemia, por lo cual el gobierno apostó a sostener el empleo y a morigerar el impacto en el sector informal de la economía. Era eso, o poner en peligro la paz social. Así nacieron el IFE -para los más postergados- y el REPRO, que aportaba la mitad de los sueldos para las empresas que estaban en serias dificultades. En ese contexto, también se aceleró la inflación.

Milei hizo una jugada maquiavélica: creó una sensación de malestar ocultando las verdaderas razones y lo convirtió en una identidad política. No ganó porque los argentinos estudiaron masivamente a Ludwig von Mises o Friedrich Hayek. Ganó porque logró que el "nadie se salva solo" sea visto como algo aberrante. Le habló de la justicia social como ‘un robo’ a una parte importante de la sociedad, pese a que buena parte de aquello que posee fue posible precisamente gracias a políticas de justicia social.

Ramiro Marra y Victoria Villarruel, por entonces aliados del proyecto político de Javier Milei.

¿Se imaginan un país como el que propone Milei, sin justicia social y sin derechos laborales? Si faltan esas dos cosas, no hay universidad pública y, entonces, el hijo del albañil no podrá ser arquitecto. Su padre estará sometido al capricho de quien tiene el tupé de llamarse "empresario" y lo explota a cambio de una remuneración de indigencia y su hijo sabrá que a él le espera la misma vida. Eso es lo que propone este lumpen, violento y prepotente, al que gente desinformada y poco leída lo hizo presidente.   

El violento no vino solo, vino con un plantel de personajes que sostienen lo que denominan "batalla cultural" como si ambos conceptos no fueran contradictorios. Ahí aparecen nombres como Diego Recalde, Agustín Laje, Nicolás Márquez y detrás de sí, un nutrido grupo de trolls y youtubers. La misión que tienen estos escuderos del régimen es sembrar el odio al peronismo. Recalde, Laje y Márquez lo hacen con calidad académica proporcionada por años de estudio, por lo tanto son espadas para el debate. Esa condición no se replica del lado de los youtubers, que solo causan pena.

Ese aparato de propaganda no puede explicar la paradoja: para castigar un modelo, en teoría agotado, la mayoría le entregó el timón del país a los herederos del bombardeo a plaza de Mayo, que no defraudaron. El gorilismo ahora está legitimado por una elección y se siente fuerte para avanzar con un nuevo programa político y económico copiado de la maldita Revolución Fusiladora y del tenebroso Proceso de Reorganización Nacional.

Del voto castigo al laberinto

La experiencia de Mauricio Macri también forma parte de esta discusión. La deuda con el Fondo Monetario Internacional y la frustración de las expectativas que él mismo generó al prometer "pobreza cero", contribuyeron al cambio de gobierno en 2019. Lamentablemente, la gestión de Alberto Fernández se limitó a administrar una crisis sanitaria que no generó y que encontró a una Argentina muy vulnerable por la "Macrisis". En rigor de verdad, la gestión del exjefe de Gabinete de Néstor y Cristina no pudo empezar, por lo que no es del todo justo decir que  fue un mal gobierno. 

Martínez de Hoz, Cavallo, Macri y Milei no son la misma persona, pero representan, con sus diferencias y matices, una tradición política y económica que tiene el triste honor de haber humillado al país ante propios y extraños. Dejaron violencia, muerte, grieta, miseria, bombas en Plaza de Mayo, desaparecidos y una de las mayores estafas al pueblo argentino: la deuda externa. Ojalá podamos aprender de esta experiencia, no para olvidarla ni para convertirla en una pieza de museo, sino para no repetirla.

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