Jueves 8 de octubre de 2026

Política

REALPOLITIK en la Cuarta Comisión

Sáhara Occidental: Marruecos interrumpe peticiones y cinco presos siguen sin comer

08/10/26 | Una crónica desde Nueva York sobre las interrupciones a los peticionarios saharauis y la alarmante situación de los detenidos en huelga de hambre.


facebook sharing button Compartir
twitter sharing button Twittear
whatsapp sharing button Compartir
telegram sharing button Compartir
print sharing button Impresión
gmail sharing button Correo electrónico
Por:
Héctor Bujari Santorum

El 7 de octubre empezó con una aparente tranquilidad. Salté de la cama a las 5.00 de la mañana en Nueva York —las 11.00 en España—, así que, técnicamente, se podría decir que no madrugué. Recogí la acreditación e hice un par de entrevistas.

La calle neoyorquina sigue siendo la misma del día anterior: acelerada y ruidosa. Pasé junto al New York Times, entré y dejé una solicitud para presentarles una columna sobre lo que estaba ocurriendo. Y lo que ocurre es claro: en la llamada "ciudad de la libertad", la libertad nunca llega.

Las carreteras estrangulan la ciudad. Todo son pitidos, luces de neón y caras con ojeras sobre las ojeras; cuerpos convertidos en máquinas de carne que avanzan en automático, asfixiados por jornadas laborales interminables.

Con medio día por delante, mi cabeza avanzaba a un ritmo más lento de lo normal, pero con una certeza meridianamente clara: esto no va bien. Pasé por la Representación Permanente de España con una comisión independiente. La postura fue la esperable, decepcionante, igual de interesante que contar coches en la Gran Manzana... Minutos después, cada intervención de los peticionarios saharauis fue interrumpida por mociones de orden de la delegación marroquí.

Por la tarde fuimos al People's Forum para una conferencia. Me quedé un buen rato conversando con gente interesante y después continué caminando bajo la noche neoyorquina. Entre en un Subway Coffee y pedí el primer bocadillo que vi. Me atendió un hombre de Bangladesh muy amable que me confesó que por las noches echa de menos su tierra. Lleva cuarenta años aquí y tiene a toda su familia en Estados Unidos; ya no le queda nada allí, su origen dejó de ser su hogar.


La libertad que no llega a la ciudad de los rascacielos (Foto: REALPOLITIK).

Quizás a los saharauis, y a todos los desposeídos del mundo, les han robado precisamente eso. Quizás quienes viven en los territorios ocupados tampoco están en casa. Y cabe preguntarse si esa casa volverá alguna vez. Nosotros queremos que vuelva; la cuestión es cómo.

El día fue cerrando tarde, apurando ese bocadillo acompañado de una Pepsi y unas patatas fritas de bolsa. Después caminé hacia el autobús y decidí bajarme treinta minutos antes de mi destino. Igual yo también me estoy convirtiendo en esa masa de carne que recorre el asfalto.

Iba con ese sabor a Pepsi y a desarraigo cuando me entró el audio de Mamia Habibi. Mientras yo caminaba libre por Manhattan, a 8.000 kilómetros cinco saharauis llevan 15 días sin comer, en huelga de hambre. Forman parte del grupo que suma ya 16 años de detención arbitraria —tal como reconoció la propia Organización de las Naciones Unidas (ONU)— y exigen ser trasladados a prisiones del Sáhara Occidental, cerca de sus familias.

A día de hoy, la situación de quienes resisten es alarmante:

- Abdallah Abbahah (Tiflet 2): visitado el 7 de octubre con una severa pérdida de peso.

- Ahmed Sbai (Kénitra): enfermo cardíaco, en aislamiento y sin pertenencias, ha perdido ya 2 kilos.

- El Hussein Zaoui (Kénitra): padece asma grave, denuncia haber sido devuelto a una celda recién pintada y permanece sin visitas desde el 6 de octubre.

- Mohamed Bachir Boutenkiza (Kénitra): el caso más crítico; no puede mantenerse en pie y denuncia malos tratos y amenazas directas por parte del director de la prisión.

- Hassan Dah (Benguerir): periodista, presenta dolores renales y cardíacos tras perder 9 kilos y haber sido trasladado esposado después de pasar por el cachot.

Otros cuatro compañeros —como Mohamed Bani, aquejado de hipotensión, o Naâma Asfari, tras una huelga previa de 46 días— se vieron obligados a suspender la protesta por colapso físico.

Mientras tanto, las familias denuncian un patrón sistemático de represalias: cortes de teléfono, retirada de agua, azúcar y mantas, aislamiento y la negativa reiterada a las visitas. La protesta continúa extendiéndose con ayunos de solidaridad y llamadas de auxilio urgentes a la ONU y al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) antes de que el desenlace sea irreversible.

Tal vez la patria robada a los saharauis sea como la de aquel tendero de Bangladesh: un lugar al que se le arrebata la posibilidad de regresar. (www.REALPOLITIK.com.ar)

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias

¡Escuchá Radio Realpolitik FM en vivo!