Alberto Weretilneck toma deuda para beneficiar a los sobrinos segundos de Mauricio Macri
Por Luciano Barroso
“Hemos visitado los cuatro puntos cardinales de Argentina viviendo muchísimos sucesos increíbles. Bebimos vino en Mendoza, nos bañamos en la playa de Mar del Plata en pleno invierno, paseamos desde Cachi, Salta, a Bariloche”, sintetizaron los Hosen alguna vez en un comunicado dedicado a nuestro país.
Die Toten Hosen vino a Argentina un total de quince veces y su cartografía siempre fue en expansión. Primero recorriendo innumerables lugares de Buenos Aires desde su show debut como soportes de Pilsen el 11 de septiembre de 1991 en Halley (donde hoy está el cine Cosmos, al lado del Centro Cultural Rojas) para luego ir pasando por Dr. Jekyll, La Rosa y Museum. Más cerca en el tiempo, Uniclub, Groove, La Trastienda o los teatros Vorterix y Flores, pero también en Obras, el Luna Park, el Club Ciudad, el microestadio Malvinas Argentinas y el Movistar Arena que anfitriona su última función criela este sábado.
También sentaron posiciones en otras áreas urbanas del AMBA como Temperley, Mar del Plata y Tandil, y por supuesto en el resto del país: allí aparecen en sus destinos Rosario, Córdoba, San Miguel de Tucumán y Mendoza una gira patagónica que incluyó Cipoletti y Bariloche y otra por el norte en Tucumán y Salta.
La cantidad de veces que vinieron y el volumen de amistades que generaron los llevó también a hacer visitas por su cuenta. En ese sentido, el guitarrista Breiti asegura: “Lo que más me impresionó fue la región de Salta. Fui varias veces, con la banda y por mi cuenta. Para mí, todo el paisaje es muy espectacular. Porque hay planos en una altura de más de tres mil metros, y todavía las montañas suben tres mil metros más. Con todos esos colores es un ambiente muy extraño y muy particular, un poco como haber tomado drogas, por la altura y este paisaje, y me gustaría vivir más tiempo allá porque para mí fue muy impresionante".
Campino, por su parte, recuerda como experiencia más impactante una que hizo por la Patagonia: “Una vez crucé los Andes con indígenas; éramos solo nuestro roadie de la época, Rory, quien acompañaba a la familia, y yo. Recorrían ese camino una vez al año con mulas y caballos como un ritual familiar y me explicaban que para ellos no hay fronteras políticas entre Chile y Argentina porque la consideran su tierra y, al menos, la tierra de sus antepasados, en cuyas épocas no existían todavía esas divisiones. Hacer ese periplo con ellos fue una aventura increíble porque por donde íbamos no había rutas, ni senderos, no había una sola señal de dirección y ni un rastro de civilización. Ni un pañuelo por ahí, ni una lata de Coca-Cola, ni un cigarrillo de plástico. Absolutamente nada, salvo excrementos de puma y, de vez en cuando, un cóndor volando por los aires”.
“Estuvimos en ese sendero 14 días, y si alguien quería cagar nos decían que tomáramos una pala, hiciéramos un hoyo, cagáramos dentro de él y lo tapáramos para que ningún rastro humano perturbara la paz de la naturaleza. Si teníamos algún otro residuo, lo tirábamos a la hoguera. Así que esa gente se cuidó mucho de que toda la zona luciera intacta después de nuestro paso”, agregó el cantante. “Fue una experiencia especial y todavía pienso a menudo en ella. Cuando volvimos a la civilización, recuerdo que lo primero que vi fue un gran oleoducto recién construido que arruinaba la vista de todo un valle. Me abrió los ojos sobre la despreocupación con la que tratamos la tierra y recuerdo que me sentí realmente impotente, tal fue así que empecé a llorar. Todo el viaje fue profundamente espiritual e impresionante para mí y me conmovió de una manera que nunca antes había experimentado".
Sin embargo, si tuviera que elegir un show favorito, Campino señala uno de los que estuvo fuera del plan “oficial”: “Creo que el concierto en la azotea del estudio de tatuajes de la galería Bond Street en 2009 es uno de mis cinco favoritos de Argentina. Fue increíble. Y espontáneo: Mariano, del local American Tattoo, tuvo la idea, y la verdad es que no sabía qué esperar, porque esa noche lo vi sudando a mares. Pensó que se le derrumbaría el techo o que la policía cerraría su local para siempre, porque la Avenida Santa Fe se estaba llenando fácilmente con miles de personas a ambos lados y el tráfico del centro se descomponía”.
“Cuando llegué por la tarde ya vi a la gente trabajando en la azotea, aunque seguíamos manteniendo en secreto que estábamos a punto de tocar. Anunciamos el concierto apenas una hora antes de que empezara y fue increíble ver cómo el mensaje llegó a la gente y miles de chicos acudieron. Fue indescriptible, la verdad, absolutamente fantástico. Fue un momento genial, como un sueño. Y único, porque lamentablemente esas cosas no se pueden repetir”, se sincera el vocalista.
Campino también recuerda aquel inolvidable toque en la esquina de Balcarce y México el 24 de mayo de 2005: “Una locura lo que pasó ahí, fue una tarde maravillosa con todos los que estaban en la calle. Así es como debería ser la vida en una banda de rock y, sin duda, lo que representa Die Toten Hosen No se trata de los típicos conciertos organizados, sino de los momentos geniales y alocados, de conocer gente, hacer amigos y sentirse vivo”.
“Tuvimos muchas noches geniales en Argentina y no lo digo para quedar bien: de mis 25 mejores conciertos, diría que cinco fueron fácilmente en Argentina. Si lo comparás con los cientos de conciertos que di en toda mi vida, es una estadística increíble”, concluye el cantante para dar dimensión de lo importante que es en su corazón y en el de los Hosen las visitas al país del que ahora están despidiendo. (www.REALPOLITIK.com.ar)