El 18 de junio de 1970 la Revolución Argentina anunció que el general Roberto M. Levingston fue elegido como sucesor del destituído Juan Carlos Onganía. Fue designado por la Junta de Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas, dando inicio a la segunda etapa de la Revolución Argentina. La era del dictador que decía que su gestión no tenía plazos, si no objetivos, se tuvo que ir por la puerta de atrás muy debilitado por los ecos del Cordobazo y el secuestro y muerte del exdictador Pedro Eugenio Aramburu.
Lo curioso de su nombramiento es que al momento de ser seleccionado, Levingston era un militar de bajísimo perfil que desempeñaba funciones como agregado militar en Washington y representante argentino en la Junta Interamericana de Defensa. Para los argentinos era un verdadero desconocido. Una de las primeras apariciones públicas del nuevo presidente fue una entrevista que concedió a los periodistas Reneé Sallas y Samuel "Chiche" Gelblung publicada por la revista Gente el 24 de septiembre de 1970, en la que el militar admitió: "Yo lloré cuando me anunciaron la designación".
La Junta Militar sentó a Levingston en el Sillón de Rivadavia para darle instrucciones de continuar la línea económica liberal iniciada por el exministro, Adalbert Krieger Vasena, durante los años de Onganía. Pero el general rápidamente intentó dar muestras de independencia. "Pese a todo, yo soy el presidente" decía el general de brigada para cerrar toda discusión. Esa frase irritaba mucho a los comandantes, sobre todo a Lanusse.
En el plano económico su gestión avanzó a paso firme con la decisión de "argentinizar" la economía. Dio impulso al programa de Compre Nacional, obligando al Estado a comprar productos fabricados en la Argentina. Inauguró el segundo alto horno de SOMISA para aumentar su producción. Apostó por la obra pública dando inicio a las obras del complejo Zárate-Brazo Largo, el gasoducto austral El Cóndor-Pico Truncado y el oleoducto Villa Mercedes-La Matanza.
Otro hito de su gobierno fue la designación de la abogada Margarita Argúas como ministra de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Fue la primera vez que una mujer integró el máximo tribunal de justicia en nuestro país. La jurista era docente universitaria y especialista en derecho civil. Ocupó su cargo entre el 17 de agosto de 1970 y el 24 de mayo de 1973.
La actividad política, congelada desde 1966, empezó a reactivarse lentamente. Un acuerdo entre los principales partidos para exigir el levantamiento de la proscripción al peronismo y el retorno a la democracia llevó por nombre La Hora de los Pueblos. Las figuras más importantes del encuentro eran Ricardo Balbín, por la Unión Cívica Radical y Jorge Paladino, delegado personal de Juan Domingo Perón, por el Partido Justicialista. El presidente toleró la actividad político-partidaria y acercó una propuesta, rechazada por los partidos.
El 10 de marzo de 1971 la ciudad de Córdoba se sacudió por una importante protesta -que pasó a la historia con el nombre de Viborazo- en repudio a la designación del conservador José Camilo Uriburu como interventor. La rebelión popular fue acompañada por un paro general de la CGT regional llevado a cabo el 12 de marzo.
La población logró tomar el control de buena parte de la ciudad, a tal punto que la policía cordobesa necesitó ayuda de la Policía Federal Argentina para reprimir violentamente a obreros y estudiantes para retomar el control de las calles. Culminada la protesta Uriburu dimitió.
Las desinteligencias entre el presidente y la Junta Militar eran inocultables. En una jugada audaz Levingston intentó destituir al comandante en jefe del Ejército, pero Lanusee recuperó su lugar y el 22 de marzo de 1971 la Junta Militar destituyó al presidente. Pocos días después Alejandro Agustín Lanusse asumió la presidencia con retención de la jefatura del Ejército. (www.REALPOLITIK.com.ar)