“En España hay una gran diferencia entre el gobierno y la gente. O digamos, entre las élites políticas y la gente. Las élites políticas de España apoyan a Marruecos”. Con esa definición, Akihisa Matsuno, profesor emérito de la Universidad de Osaka, cuestionó la posición de la dirigencia española frente al conflicto del Sahara Occidental. En diálogo con REALPOLITIK, durante la cobertura de la Cuarta Comisión de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York, comparó la experiencia saharaui con el proceso que permitió a Timor Oriental terminar con la ocupación indonesia.
Especialista en conflictos y autodeterminación, Matsuno participó como oficial electoral de la ONU en Timor Oriental en 1999 y fue asesor de investigación histórica de su Comisión de la Verdad, Acogida y Reconciliación. Su planteo apuntó a las responsabilidades externas que condicionan estos procesos: “Estos países occidentales no están listos para presionar al gobierno marroquí para aceptar un referéndum cuando el momento llegue”.
Matsuno identificó una diferencia decisiva en la actuación de las antiguas potencias coloniales. Mientras cuestionó el acompañamiento de las autoridades españolas a Marruecos, destacó la continuidad del respaldo portugués a la causa timorense.
“En el caso de Timor Oriental, la potencia administradora, Portugal, jugó un papel muy importante”, explicó. Sobre su reacción ante la invasión indonesia, recordó: “Cortó las relaciones diplomáticas con Indonesia de inmediato, después de la invasión. Y apoyó al movimiento de resistencia”.
El académico remarcó que ese compromiso se sostuvo pese a la desigualdad entre los países y sus respectivos apoyos internacionales. “Indonesia fue apoyada por Estados Unidos, Australia y Japón. Portugal era un pequeño país en Europa”, señaló.
Según describió, la posición portuguesa trascendió las alternancias partidarias: “Fue un tema nacional”. Y agregó: “Aunque hubo cambios en el gobierno, de socialistas a socialdemócratas, todos los gobiernos apoyaron la lucha de Timor Oriental”.
Para Matsuno, allí aparece una de las principales diferencias con España: el respaldo social a una causa no produce los mismos efectos cuando las autoridades eligen otro alineamiento. Por eso, expresó su expectativa de que Madrid cambie de rumbo: “Esperamos que España pueda volver al camino correcto”, sostuvo, al reclamar que defienda los derechos del pueblo saharaui.
Al reconstruir los antecedentes, Matsuno situó un punto de encuentro en 1975, cuando los dos territorios sufrieron invasiones de países vecinos. “En el caso de Timor, fue Indonesia. En el Sahara Occidental, fue Marruecos”, explicó.
Su comparación también alcanzó a la política exterior estadounidense. “En ese momento, era el presidente Ford y el secretario de Estado Kissinger”, recordó. “Kissinger tuvo una gran influencia en lo que sucedió en estos dos países”, afirmó.
Para el entrevistado, los paralelismos se extienden a las condiciones de vida bajo ocupación. “Hay muchas violaciones de derechos humanos, muchos prisioneros políticos, arrestos, tortura”, describió al comparar ambos escenarios.
Sin embargo, señaló una diferencia en la profundidad de la presencia de población procedente del país ocupante. “En el Sahara Occidental, creo que la penetración marroquí en el territorio es mucho más profunda”, sostuvo. Según su análisis, esa presencia también repercute en el acceso de los saharauis al empleo y a la actividad económica: “Hay muchos puestos y trabajos ocupados por inmigrantes marroquíes”.
Matsuno advirtió que la intervención institucional de Naciones Unidas no alcanza por sí sola para destrabar un conflicto. Al comparar ambos casos, sostuvo que el Sahara Occidental cuenta con una estructura de tratamiento internacional más amplia que la que tuvo Timor Oriental durante parte de su ocupación.
“La Cuarta Comisión, el Comité Especial de Descolonización y el Consejo de Seguridad están todos involucrados en el proceso, pero el proceso no se mueve”, cuestionó.
En Timor Oriental, explicó, la oportunidad apareció con el derrumbe del régimen de Suharto en Indonesia. “El mayor factor fue, por supuesto, la democratización de Indonesia. El régimen en Indonesia colapsó. Y el nuevo régimen era mucho más abierto”, recordó.
Las nuevas autoridades, agregó, necesitaban apoyo externo: “Necesitaban desesperadamente ayuda de la comunidad internacional”. Esa situación abrió una negociación que permitió consultar a la población timorense.
No obstante, Matsuno rechazó trasladar automáticamente esa experiencia al Sahara Occidental. “No podemos asumir que lo mismo suceda en Marruecos”, aclaró. “Tenemos que lidiar con el régimen marroquí actual, pero aun así queremos un referéndum”.
Desde esa perspectiva, insistió en que los gobiernos deben estar preparados para actuar cuando exista una oportunidad política: “Tenemos que esperar por la oportunidad. Pero cuando la oportunidad llegue, la comunidad internacional debe estar lista. En este momento, está dividida”.
La entrevista también abordó los recursos naturales y su influencia sobre las alianzas diplomáticas. Matsuno comparó el peso del petróleo en el caso timorense con el de los fosfatos y la pesca en el Sahara Occidental.
Al analizar la conducta de su propio país, fue explícito: “Básicamente, Japón apoya a Marruecos. Japón quiere mantener relaciones amigables con Marruecos”.
“El sector pesquero es muy importante para Japón”, explicó. También mencionó los vínculos comerciales y el valor político que Tokio atribuye a la relación con Rabat: “Marruecos ocupa una posición muy importante en África, tiene muy buenas relaciones con Francia y Estados Unidos”.
Según Matsuno, ese acercamiento convive con una tensión dentro de la diplomacia japonesa, que sostiene el rechazo a la adquisición de territorios mediante la fuerza por las implicancias que ese precedente tendría en su propia región.
“Son dos pilares de la diplomacia japonesa. Pero, políticamente, Japón apoya a Marruecos”, resumió, al referirse a la defensa del derecho internacional y al rechazo de las conquistas territoriales por medios militares.
En el tramo final, Matsuno explicó por qué considera insuficiente discutir una autonomía sin precisar qué opciones tendrá la población. Para ello, volvió sobre la consulta realizada en Timor Oriental en 1999.
“Indonesia también ofreció un plan de autonomía a Timor”, recordó. La diferencia, subrayó, fue que esa propuesta quedó sometida a una votación cuyo rechazo abría el camino hacia la independencia.
“La gente podía decir sí o no al plan de autonomía”, explicó. Para Matsuno, ese mecanismo resulta central: “La gente podría elegir entre la autonomía o la independencia”.
Su objeción a la fórmula defendida por Rabat se concentra precisamente en la ausencia de esa alternativa. “La autonomía de la que Marruecos está hablando es la autonomía sola. No hay opción de la independencia. Eso es muy diferente”, afirmó.
El académico sostuvo que una propuesta autonómica puede discutirse dentro de un proceso de autodeterminación cuando la población conserva la posibilidad de rechazarla y optar por otro destino político. “Está bien hablar de la autonomía en cuanto a que la gente pudiera elegir entre la autonomía y la independencia”, concluyó. (www.REALPOLITIK.com.ar)