Lunes 19 de octubre de 2026

Opinión

El revés de la reforma

Robertito Funes Ugarte y el Eternauta: en el trabajo, lo viejo funciona

19/10/26 | Después de acompañar la reforma laboral, el periodista reclama una indemnización por su extinta relación de dependencia con Telefe.


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Por:
Gustavo Zandonadi

Robertito Funes Ugarte tiene un problema con Telefe. Después de ocho años de trabajo en relación de dependencia, el canal le comunicó -según relató en uno de sus programas- que debía pasar a facturar por sus servicios. El periodista no se mostró precisamente entusiasmado con la propuesta. Por el contrario, reclamó un reconocimiento económico por el tiempo trabajado y puso reparos a las condiciones que le presentaron. ¿Descubrió que la antigua ley no era tan mala? Solo él lo sabe. 

La situación podría ser un conflicto contractual más dentro de una industria televisiva que atraviesa cambios, pero hay un detalle que la vuelve políticamente interesante: hasta hace poco, Robertito se mostraba cercano al gobierno de Javier Milei y fue uno de los defensores de la Reforma Laboral. El confilcto aparece en su vida en el momento en que su Telefe lo trata como a cualquier persona, y le da "excatemente lo que voté". La virtud del modelo laboral precario es menos atractiva cuando el que pierde derechos es uno mismo.

En una intervención pública, Funes Ugarte explicó que estaba dispuesto a considerar el cambio de modalidad, pero no a hacerlo sin discutir las consecuencias económicas de sus años como empleado registrado. "Tenemos que llegar a un acuerdo donde yo pueda contar con ese dinero que aporté durante ocho años y así no hay drama" sostuvo, con la resignación del que sabe que pierde, pero se reserva el pequeño triunfo de vender cara su derrota.

Lo que vemos es una negociación entre un trabajador y una empresa. El trabajador busca que se reconozca la relación de dependencia dejando en claro que su trayectoria no desaparece por voluntad propia de migrar hacia un nuevo contrato, sino por causas ajenas a su voluntad. Se trata de un experimento intersante, tanto como lo sería ver al equipo de veteranos amateur del barrio contra el Barcelona de Guardiola.

Es maravilloso, hasta que te toca a vos

Desde 2023, el discurso oficial instaló una idea sencilla: las antiguas regulaciones laborales son un obstáculo para la contratación, por lo tanto, lo flexible es el camino hacia la modernización. Con eso convencieron a una parte de la sociedad -trabajadores incluidos- de que el empleo tradicional pertenece al pasado. El remedio que ofrecieron fue la Ley 27.802, con el cinismo de llamarla Modernización Laboral.

La ley entró en vigencia el 6 de marzo de 2026. La trampa está en lo siguiente: no se puede seguir con una ley pensada en la época del fax y de la máquina de escribir, cuando estamos viviendo la era de la inteligencia artificial, sí, pero ¿Qué tiene que ver eso con la eliminación de los derechos laborales? Una cosa es adaptar los convenios colectivos incluyendo el uso de la tecnología cuando sirve para merjorar las condiciones y eso conduce a mejores resultados, y otra es meterese con las licencias por enfermedad. 

A pesar de haber militado por esa ley de negación del derecho laboral, Robertito tiene derecho a discutir sus condiciones de trabajo y exigir que se respete lo que le corresponde. El problema es que cuando lo haga, del otro lado del mostrador le pueden contestar "es lo que votaste". 

¿Qué sucede cuando las reglas del mercado que él defendió, empiezan a jugar en contra de sus intereses? En ese momento, la Reforma Laboral deja de ser una consigna abstracta y se convierte en una amenaza sobre el ingreso, los aportes, la antigüedad y la seguridad económica. Ahí es donde los Robertito de la vida dicen "basta para mí, basta para todos" y retoman lo que nos enseñó el Eternauta: lo viejo funciona.

De Julio Cordero a la realidad de Telefe

En el momento en que se debatía la modernización laboral -que de moderna no tiene nada porque busca llevar la legislación a lo que era antes de la irrupción del peronismo- el secretario de Trabajo, Julio Cordero, defendió la necesidad de revisar las modalidades tradicionales de contratación y promover nuevas formas de vinculación laboral, porque en el discurso libertario "la gente ya no quiere una relación de dependencia". Parece que Robertito sí la quiere, aunque lo descubrió tarde. 

Lo viejo funciona

El modus operandi es muy sencillo. Primero, atacaron a los sindicatos "corruptos" sin dar nombre, apellido y pruebas. Después dijeron que la ley era "antigua". Siguieron diciendo que los convenios colectivos son "del siglo pasado", al igual que la protección al trabajador que durante décadas fue la brújula del mundo laboral argentino.

El conflicto de Robertito permite ensayar una respuesta de tres palabras: lo viejo funciona. Cuando se trata de proteger al trabajador frente a una relación desigual de poder, nada mejor que lo antiguo. Ojalá que esto le enseñe a Robertito de que lado tiene que estar.

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