Como todos saben, Marruecos ocupa ilegalmente nuestro territorio desde 1975 con la llamada Marcha Verde. Desde entonces, la Organización de las Naciones Unidas, la Unión Africana y el Tribunal de la Haya han emitido sus condenas a dicha ocupación. Pero siempre sin llevar a cabo, o sea, a la práctica, dichas resoluciones.
Por otra parte, Marruecos siempre ha intensificado sus esfuerzos en la compra de voluntades, ya sea a nivel de organizaciones, organismos, países o personas a nombres como ejemplo a nivel de España: el propio presidente Pedro Sánchez, que a ciencia cierta no sabemos si fue por presión, chantaje o compra de voluntades; el señor José Bono, exministro de Defensa y presidente del Congreso de los Diputados español en etapas pasadas del Partido Socialista Obrero Español (PSOE); el expresidente José Luis Zapatero, Trujillo, Plana, Sofía... La lista suma y sigue.
Esto lo digo yo que soy de convicciones y orientación izquierdista. Pero el tiempo ha demostrado, me ha demostrado, que yo como ciudadano a pie de calle debo tener orientación realista.
Sumado a eso, fuimos colonia de España. O sea, hemos vivido más de 86 años con España y al final nos deja a la deriva, peor aún, apoyando al invasor, el verdugo, el agresor. Se ve que este gobierno es más fuerte con los débiles y débil con los fuertes, y esto se evidenció en Ceuta y Melilla.
Lamentablemente vivimos en un mundo injusto y tan es así que podemos decir que, en un mundo donde no hay justicia, es un peligro tener la razón y esto se evidencia en la causa saharaui.
Apenas hace días vimos cómo han venido personas solidarias con la causa del pueblo del Sáhara Occidental, pagando todos sus gastos y de diferentes partes del mundo, alzando la voz del pueblo saharaui sin ninguna intención de reconocimiento moral, político y mucho menos compensación económica. Simplemente, el convencimiento profundo de sus conciencias por esta causa tan noble, cuestión que yo agradezco profundamente, ya que nuestra población, en su inmensa mayoría, está dividida en dos zonas. Una está emplazada en la zona ocupada y no puede salir. Y, como el mismo nombre lo dice, a quien salga le resulta una misión imposible pronunciarse contra la monarquía alauita. La otra está en los campamentos de la Dignidad, en Tinduf. Como saben, son refugiados —el nombre también lo certifica— y no tienen posibilidad de salir por cuestiones económicas, ya que no hay condiciones ni potestad para decidir y levantar la voz del pueblo del Sáhara Occidental.
Dicho todo esto, ¿qué se debe hacer?
1.- El mundo debe suspender todo tipo de relación con el Reino de Marruecos, tanto comercial y política, especialmente.
2. Los países deben de reconocer a la República Árabe Saharaui Democrática como el único país bajo su vanguardia, el Frente Polisario, que tiene potestad a decidir y levantar la voz del pueblo del Sáhara Occidental.
3. Los ciudadanos del mundo deben de suspender los viajes a Marruecos y así no apoyar esa ocupación ilegal.
4. Los países, especialmente fronterizos y vecinos como Argelia, Mauritania y España, deben de participar más activamente en el conflicto. Dicho eso, la verdad que Argelia ha sido ejemplo implacable en este sentido en buscar una solución justa, duradera y estable a favor de la autodeterminación, una resolución que garantice la libre autodeterminación del pueblo saharaui.
Este ejemplo de Argelia no se evidencia, lamentablemente, en el gobierno español, con su giro a favor de la autonomía propuesta por Marruecos mediante la famosa carta de 2022.
Se pretende reclamar a España que sea imparcial y que emita sus informes anuales a las Naciones Unidas como potencia administradora. Además, debe apoyar a los hijos de españoles que, aunque tengan el DNI español y hayan sido educados como españoles, están en los campamentos de la Dignidad de Tinduf.
El gobierno español apoya las causas justas, como la ucraniana o la palestina, cuestión que aplaudimos infinitamente y que sentimos profundamente, porque nuestro pueblo la vive día a día. Pero no se entiende el cambio de postura en el caso del Sáhara Occidental, y menos aún cuando se trata de la exprovincia 53 de España.