Viernes 6 de noviembre de 2026

Sociedad

ARGENTINA BIZARRA

Juan Baigorri Velar, el hombre que manejaba la lluvia a control remoto

06/11/26 | En 1939, un misterioso inventor anunció que podía crear tormentas. ¿Genio, farsante o protagonista de una de las leyendas más extraordinarias de la Argentina? 


Agregar Realpolitik en
facebook sharing button Compartir
twitter sharing button Twittear
whatsapp sharing button Compartir
telegram sharing button Compartir
print sharing button Impresión
gmail sharing button Correo electrónico

La historia argentina es un catálogo inagotable de personajes extravagantes, promesas imposibles y soluciones mágicas para problemas que parecen no tener remedio. Entre crisis económicas, dirigentes que prometen milagros y empresarios que descubren negocios extraordinarios, también existe un lugar reservado para los vendedores de humo.

Uno de los casos más extraordinarios fue el de Juan Baigorri Velar, un hombre que aseguraba haber encontrado la manera de controlar las precipitaciones mediante un dispositivo de fabricación propia. Su invento tenía antenas, componentes misteriosos y una explicación científica que nunca consiguió convencer a los especialistas. 

Durante años logró algo que parecía todavía más difícil: captar la atención de periodistas, funcionarios, productores rurales y multitudes que esperaban sus pronósticos con la mirada puesta en las nubes.

El Júpiter de Villa Luro

A fines de la década de 1930, Baigorri comenzó a ganar notoriedad por un invento que, según aseguraba, podía resolver uno de los peores problemas del campo argentino: la sequía. Su aparato consistía en una caja con componentes eléctricos, una batería y dos antenas extensibles. El inventor sostenía que emitía ondas electromagnéticas capaces de producir alteraciones atmosféricas y provocar precipitaciones.

Baigorri afirmaba que había descubierto una relación entre el funcionamiento de sus instrumentos y la formación de lluvias. Su teoría hablaba de congestiones atmosféricas y de determinados materiales capaces de intervenir sobre las condiciones del ambiente. Nunca reveló completamente cómo funcionaba el dispositivo ni presentó una demostración científica que permitiera verificar sus afirmaciones.

El enfrentamiento con la meteorología oficial no tardó en llegar. Alfredo Galmarini, director del Servicio Meteorológico Nacional, cuestionaba públicamente las pretensiones del inventor. Baigorri, lejos de retroceder, decidió responder con un desafío que terminaría convirtiéndose en uno de los episodios más recordados de su historia.

Anunció que haría llover en Buenos Aires el 2 de enero de 1939. Para reforzar la provocación, le envió un paraguas a Galmarini con una dedicatoria que anticipaba el acontecimiento. La fecha llegó, el cielo se cubrió y finalmente se produjo una fuerte precipitación sobre la ciudad.

La prensa encontró una historia irresistible. Los diarios siguieron el episodio y una multitud se acercó a la vivienda del inventor, ubicada en la esquina de Ramón Falcón y Araujo, en Villa Luro. Las fotografías conservadas por el Archivo General de la Nación muestran a vecinos reunidos frente a su casa para saludarlo. Baigorri había pasado de ser un desconocido a convertirse en una celebridad nacional.

La invención copó los diarios de la época.

Carhué: lluvia, misterio y una multitud dividida

En febrero de 1939, Baigorri llegó a Carhué, donde la sequía amenazaba la actividad turística de la cercana Villa Epecuén. La situación era preocupante: el nivel de la laguna había descendido y los comerciantes temían perder otra temporada.

La Comisión de Fomento de Epecuén y representantes del Centro de Comercio de Carhué gestionaron su llegada. Para financiar la experiencia reunieron 5.000 pesos de la época, destinados a instrumentos, viajes y alojamiento. El 5 de febrero, el supuesto mago de la lluvia llegó a la localidad y comenzó a instalar sus equipos en la terraza de una construcción conocida como el castillo, uno de los puntos más elevados de la zona.

Los trabajos comenzaron el 7 de febrero. Baigorri aseguró que el viento norte favorecería el experimento y explicó que había detectado sustancias minerales en el subsuelo que podían interferir con el funcionamiento de sus aparatos. Dos días después se registraron precipitaciones. El 16 de febrero volvió a llover y, posteriormente, se produjo otro episodio extraordinario.

El 23 de febrero, Carhué registró alrededor de 100 milímetros de lluvia en poco más de una hora, según las crónicas locales recuperadas por el Museo Adolfo Alsina. El fenómeno alimentó todavía más la fama del inventor, aunque no demostraba que su máquina tuviera relación causal con las precipitaciones.

Una multitud en la casa de Baigorri.

La población quedó dividida entre quienes defendían sus capacidades y quienes desconfiaban de sus explicaciones. La prensa local registró la curiosidad colectiva y describió cómo los vecinos seguían atentamente la dirección del viento, las nubes y cada movimiento del supuesto científico.

Con el tiempo, la historia de Carhué sumó exageraciones. Algunas versiones sostuvieron que Baigorri había provocado una tormenta descontrolada que estuvo a punto de destruir la localidad. La documentación histórica permite reconstruir las lluvias extraordinarias, pero no alcanza para demostrar que el inventor hubiera perdido el control de su máquina porque falta un nexo causal.

Secreto de Estado

La fama de Baigorri llegó a los despachos del poder. A comienzos de la década de 1950, el Estado puso el ojo en Baigorri por sus supuesta capacidad para combatir la sequía. El peronismo quiso comprar el aparato e incorporarlo a sus proyectos de modernización pero la iniciativa no prosperó: Baigorri se negó a entregar su invento y sostuvo que en manos equivocadas era peligroso.

El inventor temía que una potencia extranjera pudiera apropiarse de su tecnología y utilizarla con fines militares. Incluso había manifestado su disposición a que el Ejército supervisara algunos experimentos para evitar que su descubrimiento terminara en manos de otros países.

Nadie podía explicar con precisión qué contenía, cómo funcionaba ni por qué sus resultados parecían coincidir algunas veces con precipitaciones anunciadas de antemano. Tampoco existía una comprobación científica independiente que demostrara su eficacia. Con el paso de los años, el personaje perdió protagonismo y sus apariciones públicas fueron cada vez menos frecuentes.

¿Genio, farsante o leyenda argentina?

Baigorri murió en 1972 y se llevó consigo el misterio de su invento. Su máquina desapareció y nunca se conocieron planos que permitieran reconstruirla. En vida aseguraba que no necesitaba documentación para recordar su funcionamiento: cuando le preguntaban por el secreto, señalaba su cabeza.

Su historia también quedó rodeada de relatos difíciles de verificar. Se dijo que había destruido los planos, que podía provocar ciclones y que sus experimentos habían alterado el clima a cientos de kilómetros de distancia. Algunas versiones incluso le atribuyeron poderes casi sobrenaturales. Son episodios que pertenecen al terreno de la leyenda y que contribuyeron a convertirlo en un personaje singular de la cultura popular argentina.

La explicación científica nunca apareció. Es posible que algunos de sus pronósticos coincidieran con condiciones meteorológicas que ya anticipaban precipitaciones, pero tampoco existe evidencia suficiente para afirmar que esa fuera la explicación de todos sus aciertos. Lo comprobable -creer o reventar- es que hubo lluvias, anuncios previos, una máquina misteriosa y un hombre dispuesto a defender hasta el final su extraordinario descubrimiento. (www.REALPOLITIK.com.ar)

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias

¡Escuchá Radio Realpolitik FM en vivo!