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22 de enero de 2023 | Nacionales

Evolución criminal

El narcotráfico rosarino y las estupideces de Aníbal Fernández

Hace unos cinco años, escribí por primera vez que Rosario se iba convirtiendo gradualmente en una pequeña México, conforme sus niveles de violencia y evolución delictiva, que ya marcaba una clara tendencia.

HORACIO DELGUY

por:
Jorge O. Rodríguez

En otros escritos mencioné que en un tiempo se verían carteles colgando con amenazas y otros exabruptos criminales (en México se los denomina “mantas”). Lamentablemente, ya hace tiempo que vemos esas “mantas” rosarinas, como también notas dejadas sobre los cuerpos de los asesinados o a sus costados, exactamente igual que en México. Luego traté de ampliar estos conceptos, publicando una nota en este medio.

Si bien no hay cifras definitivas de 2022, se habrían cometido 290 asesinatos -muy ceca de los 300 que predije en su momento- en la ciudad de Rosario y sus alrededores, en tanto en el 2021 fueron 241 esos homicidios. Si ambos números fueran correctos, estaríamos en presencia de un incremento anual del 20 por ciento de la tasa de criminalidad.

En estos días de enero, también hubo una serie de asesinatos: los bandidos y los sicarios no suelen tomarse vacaciones. Hace unos meses, el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, cometió otra de sus estupideces al afirmar que los homicidios eran fruto de enfrentamientos entre bandas y sin civiles muertos. La realidad indica todo lo contrario: se triplicó el número de víctimas mujeres y casi en la misma medida el de menores asesinados en el 2022.

Por caso, Candelaria es una niña de cinco años, víctima de una "bala perdida" durante los festejos de Navidad (iba al mismo jardín de infantes al que concurría Auriazul, otra niña de seis años que en mayo pasado fue asesinada junto a sus padres). Al día siguiente, un nene de la misma edad resultó baleado en una pierna y debió ser trasladado al hospital de niños Víctor J. Vilela. A ese centro de salud, según sus autoridades, llegaron en todo el año 2022 un total de diecinueve niños y adolescentes, con heridas de disparos de armas de fuego. Además, en el hospital de niños Zona Norte recibieron otros diecinueve casos por heridas similares en ese año. Tal vez el ministro crea que esos treinta y ocho niños heridos forman parte de bandas criminales. Ya es hora de que alguna autoridad lo haga callar o que al menos le ponga un bozal, para que no le siga faltando el respeto a los muertos y sus familiares.

Tal como ya describiera, la degradación de Rosario comienza al menos en 1920, cuando fue llamada la Chicago Argentina. A partir de allí puede apreciarse la descomposición social y la evolución criminal, hasta un presente en el que tenemos decenas de miles de personas que ya son sexta generación o aún más que viven merced a los delitos.

La evolución criminal rosarina sigue su curso, a pesar de las caídas de varios figuretis de Los Monos, los Alvarado y otros grupos menores, ya que los líderes siguen manejando las organizaciones desde las cárceles. Y debido también a que a los limados que caen resulta bastante fácil retemplarlos por otros limados de esos calibres.

Hace unos días hubo tres balaceras simultáneas a dos cárceles y un medio de prensa: la fiscal de la Unidad de Balaceras, Valeria Haurigot, reveló que la pista más firme apunta a una represalia de la banda del narco Julio "El Peruano" Rodríguez Granthon, ya que ese mismo día se dictaminó la prisión preventiva de diecinueve integrantes de esa organización. Además, aparecieron mensajes de distintos grupos de bandidos, aseverando que van a matar un policía por día, en otra bravuconada de esas bandas, intentando imitar la metodología ya aplicada por Pablo Escobar en Medellín. Si dejaran de matarse entre los mismos y unificaran algunos criterios o dividieran zonas y mercados, podrían seguramente llegar a esa cifra. Pero al igual que en México, en Rosario los bandidos no paran de matarse entre ellos, disputando salvajemente el tráfico de drogas, los contrabandos y otros delitos. Situación que se agrava aún más, ya que existen decenas de bandas y grupos criminales: algunas de las fuentes opinan que son más de cien. En algunos de los barrios mencionados, operan hasta diez grupos delictivos: muy pocas veces arreglan y se distribuyen las manzanas, pero en general se matan a tiros o asesinan a cualquier vecino, en claros mensajes mafiosos para la competencia, enviándoles los videos de los crímenes.

Las autoridades rosarinas y santafesinas siguen sosteniendo que los territorios más críticos son los barrios Bella Vista, Villa Banana y Godoy en la zona oeste de la ciudad. Como también los barrios Tablada y Las Flores en el sur-sudoeste y los de Ludueña, Larrea, Empalme Graneros y Nuevo Alberdi en el noroeste de Rosario. En realidad, los baños de sangre ya se dan en toda la ciudad y sus alrededores, incluso en los barrios costeros desde el centro hacia el norte, que siempre fueron los más seguros (Arroyito, Alberdi y Florida). Se vive además un desastre operativo, que también es funcional a la corrupción reinante.

Hace un tiempo detallé estos conceptos: "Opera una agencia provincial, la policía con comisarías, brigadas y cuerpos de investigaciones, los cuales muchas veces se chocan entre sí, en especial cuando intentan cobrarles a los delincuentes. En cada desmadre aparecen los de Asuntos Internos, a quienes muchos policías los denominan ‘Los Tragamonedas’. Y para colmo están las distintas fuerzas federales -que con un gran esfuerzo imaginativo podríamos suponer que reportan al ministro trágico cómico- vendiendo humo o directamente coimeando alegremente a los bandidos”.

Toda la clase política santafesina realmente apesta por su corrupción, al igual que el poder judicial, el ministerio Público y el poder legislativo. Durante décadas sólo se dedicaron a recaudar y de vez en cuando a "vender humo". Y hace unos años toda la provincia, en manos de Omar Perotti, se volvió un punto estratégico para narcotráfico y contrabando, con decenas de puertos no controlados y rutas mal vigiladas o directamente liberadas para los bandidos. Mientras los gobiernos nacionales se hacen los ciegos, sordos y mudos. Toneladas diarias de drogas pueden pasar por allí, para distribuirse luego al mercado interno o la exportación, total cada tanto nos venden alguna captura de cannabis -unos 1.200 dólares o menos el kilo- y casi nunca cocaína -15 mil dólares o más de alta pureza- mientras pasan alegremente bagallos de cocaína o marihuana, más distintas drogas sintéticas como el éxtasis (Mdma), anfetaminas, ácido lisérgico o directamente venenos que ni siquiera clasifican como sustancias estupefacientes (paco, basuco y otras basuras).

Rosario y toda la provincia de Santa Fe, al igual que cualquier otro territorio, no tienen soluciones policiales ni militares para el tema del narcotráfico y otros delitos complejos: sólo se corrigen estos desmadres con planificaciones socio económicas y depurando verdaderamente la profunda corrupción mencionada en procesos que pueden llevar unos veinte años. Lo contrario es, justamente, seguir escuchando discursos delirantes como los del ministro Aníbal Fernández, continuar con la retahíla de pensamientos mágicos y otras estupideces de la clase política santafecina, mientras se siguen sumando muertos y heridos y sigue sin parar la evolución criminal detallada en estas líneas. (www.REALPOLITIK.com.ar)


ETIQUETAS DE ESTA NOTA

Santa Fe, Aníbal Fernández, Omar Perotti, Rosario, Pablo Escobar, Julio Rodríguez Granthon, Valeria Haurigot

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