Jueves 30 de abril de 2026

Nacionales

Libertad de prensa

Giro autoritario: Orwell lo predijo, Peter Thiel y Javier Milei lo concretaron

30/04/26 | A más de una semana del cierre de la histórica sala de periodistas de Casa Rosada, Milei avanza con el giro autoritario de su administración.


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Por:
Antonio D'Eramo

No conforme con desalojar a la prensa independiente nacional e internacional de la Casa Rosada —lo que constituye un hecho sin precedentes, sin registro alguno ni siquiera en tiempos de dictaduras militares—, el presidente Javier Milei calificó de “chorros” y “corruptos” a los periodistas en el Congreso de la Nación Argentina.

Es una medida simbólica que no tiene impacto en la vida cotidiana de los millones de argentinos que, en su mayoría, luchan por llegar a fin de mes. Sin embargo, es un hecho que trascenderá y quedará como hito en el análisis futuro de un gobierno que decidió avanzar un paso más hacia la autocracia en plena democracia: cerrar y fajar la sala de periodistas Roberto Di Sandro, en el primer piso de Casa Rosada, donde se encuentra el corazón del poder político de la Nación. Es el mismo piso donde se halla el despacho presidencial y el sillón de Rivadavia.

Es también el mismo primer piso donde el actual presidente, Javier Milei, recibió el jueves 23 de abril a Peter Thiel, uno de los empresarios estadounidenses más importantes y controvertidos, integrante del núcleo que lidera la cuarta revolución industrial que conoce la humanidad: la digital.

Acaso la fase del capitalismo más trascendental desde la creación de la máquina de vapor, por los cambios tecnológicos, sociales, humanos y políticos que genera. Y Peter Thiel es uno de sus líderes. Ese día, la noticia era el magnate estadounidense, de ninguna manera Javier Milei. Pero casi no hay registro de ese encuentro en Buenos Aires porque el gobierno y la Casa Militar, a sus órdenes, decidieron prohibir el acceso a la prensa, amparados en una denuncia penal contra dos periodistas de TN por una grabación considerada “ilegal” por las autoridades y que se encuentra en debate judicial.


Casa Rosada.

Podría haberse sancionado momentáneamente a los periodistas que habrían incurrido en la infracción; podría haberse cerrado la sala de manera temporal para que la Justicia tomara intervención; también podría haberse habilitado otro salón —de los muchos que hay en Casa Rosada— para los 59 periodistas restantes que nada tenían que ver con el caso investigado por los responsables de Casa Militar.

Pero la orden política fue tajante: cerrar la sala. Era la oportunidad para lograr aquello que no pudieron Carlos Menem —quien luego cambió de parecer y fue un asiduo visitante de la sala de periodistas—, Néstor Kirchner —que tenía alergia a ingresar a las oficinas de los periodistas— o Cristina Fernández de Kirchner, que prefería mantenerlos a distancia y hablar desde los balcones a sus militantes.

La sala siempre molestó por su ubicación —desde donde se pueden ver funcionarios de primer nivel a toda hora— y por sus integrantes, que no siempre coinciden con el periodismo militante que reina en redes, canales de streaming y algunas señales de cable, que han estropeado la institución periodística con sus mentiras, falta de vergüenza y escasísimo profesionalismo. Nada cambió desde 6,7,8 hasta la actualidad; por el contrario, empeoró. Y al periodista profesional se lo califica a viva voz de “chorro”, “corrupto”, “ensobrado”. De los escupitajos kirchneristas a las fotos de Magdalena Ruiz Guiñazú y otros relevantes colegas se pasó a un hashtag presidencial que reza: “No odiamos lo suficiente a los periodistas”.

El liberalismo, el verdadero, quedó muerto y sepultado.

Peter Thiel y el momento simbólico en el que Milei cerró la sala de periodistas

"La libertad es incompatible con la democracia". Una frase expresada y avalada por el verdadero “gran hermano”, Peter Thiel. O, al menos, uno de los verdaderos “grandes hermanos” que todo lo controlan a través del mundo digital. Creador de Palantir Technologies, junto al director de esa empresa, Alex Karp.

Karp incluso escribió un manifiesto explicando por qué la libertad —léase la libertad individual— es incompatible con la democracia. Una manera de traer a colación el antiguo debate suscitado por el conservador Platón en la democrática polis de Atenas contra aquellos a los que consideraba sofistas, y que en realidad eran maestros de la palabra que enseñaban a persuadir a sus conciudadanos.

Gracias al autogobierno creado en Atenas —una rareza, una excepción en un mundo dominado por tiranos—, el comercio se volvió una fuente de progreso y se aseguró la libertad individual de los atenienses, como bien explicó el influyente pensador español y liberal, recientemente fallecido, Antonio Escohotado, en su monumental obra Los enemigos del comercio.

Sin embargo, la nueva derecha que gobierna el país lo hace con manías de la vieja. Y el control de otros tiempos se vuelve digital y acorde con la cuarta revolución industrial: el auge del control total. Ese es el mundo que propugnan Thiel y Karp desde la empresa Palantir, que para muchos analistas estadounidenses y europeos es una extensión de la poderosa Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Diversos reportes sostienen que Palantir va más allá de ser un simple proveedor de defensa, para convertirse en la columna vertebral de un nuevo orden mundial basado en inteligencia artificial y vigilancia total.

La compañía fundada por Alex Karp se ha convertido en el centro de atención tras la publicación de su “minimanifiesto” de 22 puntos, basado en el libro del CEO La República Tecnológica, donde se declara abiertamente que “los valores humanistas del pasado ya no son necesarios” y se propone el uso de la violencia, el poder y la dominación tecnológica sin restricciones.


Peter Thiel junto a Javier Milei en Casa Rosada.

La guerra ya no es lo que era

Los recientes conflictos armados a nivel global han evidenciado una transformación radical en la forma de hacer la guerra. Expertos militares coinciden en que ya no se trata simplemente de nuevas guerras, sino de “nuevas formas de vida”, donde la tecnología ha desplazado casi por completo las ventajas tácticas tradicionales.

Drones autónomos, sistemas de rastreo satelital, canales de comunicación encriptados y armas guiadas de alta precisión han relegado a un segundo plano elementos que durante siglos fueron determinantes: tanques, barcos, infantería e incluso los soldados individuales pierden importancia frente al avance implacable de la automatización.

“Hoy en día, los robots, la inteligencia artificial y la transmisión instantánea de datos llevan la batuta”, señalan analistas del sector defensa. “El pirateo de información y la activación subsecuente de procesos políticos e informativos se han convertido en las verdaderas armas del siglo XXI”.


El libro de Alexander C. Karp y Nicholas W. Zamiska.

El muro invisible del poder tecnológico

Las declaraciones de políticos en todo el mundo, combinadas con estas tecnologías de vigilancia y control de datos, crean lo que expertos describen como “un muro extremadamente difícil de atravesar”. Esta convergencia entre política y tecnología representa formas de civilización y guerra completamente desconocidas para los actores tradicionales del poder.

Diversos conflictos internacionales actuales, según estos análisis, “se habrían resuelto hace tiempo y de forma contundente si no fuera por estos nuevos parámetros tecnológicos” que Palantir y empresas similares han introducido en el tablero geopolítico global.

La noción es tan clara que Thiel y el CEO de su compañía, Alex Karp, redactaron 22 puntos en forma de manifiesto. Los principales —aquí se reseñan diez— son los siguientes:

1.- Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que lo hizo posible. La élite de ingenieros tiene la obligación de participar en la defensa de la nación.

2.- Debemos rebelarnos contra la tiranía de las aplicaciones. ¿Es el iPhone nuestro mayor logro como civilización?

3.- El correo electrónico gratuito no basta. El declive de una cultura sólo será perdonado si garantiza crecimiento y seguridad.

4.- El poder blando no alcanza: el poder duro en este siglo se basará en el software.

5.- La cuestión no es si se crearán armas con IA, sino quién y para qué.

6.- El servicio nacional debería ser una obligación universal.

7.- Si un marine pide un rifle mejor, debemos crearlo; lo mismo vale para el software.

8.- Los funcionarios públicos no están obligados a ser nuestros sacerdotes.

9.- Debemos mostrar más indulgencia hacia quienes eligen la vida pública.

10.- La psicologización de la política nos desvía del camino.

Son fragmentos del libro número uno en ventas según el New York Times, La República Tecnológica: el poder duro, las convicciones blandas y el futuro de Occidente, de Alexander K. Karp y Nicholas W. Zamiska.

La era de la vigilancia global está entre nosotros, sin que tomemos real conciencia de ello. George Orwell lo predijo; Thiel y otros lo concretaron. Un verdadero liberal jamás podría estar de acuerdo con una era de control total. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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