Martes 9 de junio de 2026

Nacionales

Vacío informativo

Javier Milei está decidido a vaciar de contenidos la sala de periodistas de Casa Rosada

09/06/26 | Las restricciones para informar que se viven en la Casa de Gobierno no tienen antecedentes cercanos en el tiempo.


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No hay manera de conciliar la necesidad de informar los hechos políticos de relevancia que se producen a diario en la Casa Rosada si los periodistas acreditados por distintos medios de comunicación no pueden caminar los pasillos y las oficinas del poder. Esos espacios no se limitan solo al área presidencial, hoy inaccesible para la prensa profesional e independiente, sino también a los despachos de la jefatura de Gabinete de Ministros, el ministerio del Interior, la secretaría General de la Presidencia y los asesores del primer mandatario, que incluyen a los secretarios y subsecretarios más cercanos al jefe de Estado de turno.

No hay forma de observar quiénes llegan desde afuera de la Casa Rosada para entrevistarse con el presidente de la Nación u otras autoridades del poder wjecutivo si no se puede estar en el Salón de los Bustos, que da a la explanada de la calle Rivadavia, o en el Patio de las Palmeras, desde donde se puede advertir quiénes son los invitados a la sede gubernamental.

Se pueden consultar los registros mucho después, pero no se logra entrevistar absolutamente a nadie si los miembros de la prensa no obtienen siquiera el permiso para caminar por el Patio de las Palmeras.

Las restricciones al trabajo de la prensa profesional son tan descaradas que solo puede concluirse que se intenta vaciar de sentido la permanencia de periodistas profesionales e independientes debidamente acreditados por sus medios, con un historial de notas publicadas o de transmisiones radiales, televisivas y hasta de nuevas tecnologías, realizadas y completamente comprobables por tratarse de material público que puede consultarse a través de cualquier buscador de internet.

Sin embargo, el destrato y la falta de profesionalismo hacia la prensa acreditada se volvieron cotidianos desde hace varias semanas. De todos modos, hay que señalar que no es la primera vez que los habitantes transitorios del poder central nacional se creen con derecho a no tolerar a “los molestos periodistas que andan metiendo las narices en todo”.


Casa Rosada desde adentro.

Porque hay que recordar que Carlos Menem, durante su primer mandato, intentó directamente cerrar la sala de periodistas y bastó con que un puñado de referentes de entonces dialogara con el riojano para hacerle entender que ese no era el camino.

Menem terminó visitando la sala cada dos por tres para dialogar amablemente con la prensa acreditada y siempre la consideró para realizar anuncios relevantes, incluso en la residencia de Olivos, donde inauguró una sala de conferencias de prensa en mayo de 1995, copiando el estilo que utiliza la Casa Blanca y que Javier Milei no utilizó nunca y, seguramente, nunca utilizará.

Fue la sala de conferencias donde se presentó Alberto Fernández para decretar el comienzo de la extensa cuarentena por la crisis sanitaria producida por la difusión del virus de COVID-19.

Muchos presidentes no toleraron que en el primer piso de la Casa Rosada estuviera enclavada una sala ubicada en un lugar central del corazón del poder.

Cristina Kirchner la visitó pocas veces en sus dos mandatos. Había cierta alergia a acercarse en plena guerra contra Clarín y otros medios. Fernando de la Rúa fue estoico con la prensa. Permitía incluso que los periodistas estuvieran esperándolo en las escalinatas del Salón de los Bustos para arrancarle una declaración cuando ingresaba a gobierno.

Eduardo Duhalde fue más hermético, pero nunca rompió con la posibilidad de informar debidamente sus actos. Néstor Kirchner no era adepto a concurrir para dialogar con los periodistas que seguían su gestión, a diferencia de muchos secretarios de Estado de su gobierno, que tenían buena disposición para informar a la prensa.

Sea como fuere, nunca fue fácil informar desde la Casa Rosada. Siempre hubo dificultades, pero nunca como en la administración de Javier Milei.


Carlos Menem y George Bush (padre) en la sala de prensa de Casa Rosada.

Sala abierta, periodismo encerrado

Es difícil comprender que bajo un gobierno de un presidente que se define como liberal existan las restricciones para informar que debieron denunciar, con una pancarta en la Plaza de Mayo, la mayoría de los periodistas acreditados para cubrir las actividades de los integrantes del gobierno.

Se formaron bajo una lluvia persistente portando una pancarta con la leyenda que ilustra el particular momento que se vive dentro de Casa Rosada: “Sala abierta, pero con el periodismo encerrado”.

El lunes 8 de junio, a las 18.30, permanecía un solo cronista acreditado cerrando una nota. Los demás se habían ido porque sabían que no iban a poder recabar más información allí. En cualquier otra circunstancia, a esa hora de un lunes no había menos de 20 colegas trabajando en la sala de prensa Roberto Di Sandro.

Un vacío informativo. Una manera más de desdeñar a la prensa. Un hecho advertido por la Academia Nacional de Periodismo, que a través de un documento expresó su preocupación por lo que definió como un creciente clima de hostigamiento hacia periodistas y medios de comunicación en Argentina. La institución sostuvo que las agresiones verbales, las campañas de estigmatización y distintas formas de presión sobre trabajadores de prensa representan una amenaza para la calidad democrática y el derecho ciudadano a la información.

Restricciones a la prensa en Casa Rosada: Más de un mes sin solución y sin conferencias de Adorni

El jefe de Gabinete no enfrenta preguntas de periodistas desde el 8 de mayo; las limitaciones de acceso persisten pese al rechazo judicial de la denuncia de la Casa Militar que las impulsó con la anuencia del gobierno nacional.

Son más de cuarenta días desde que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, prometió una vuelta a la normalidad en las relaciones entre el gobierno y la prensa acreditada en la Casa Rosada. Sin embargo, las restricciones no solo continúan vigentes, sino que se han consolidado como una nueva modalidad de trabajo que no registra antecedentes desde el retorno de la democracia argentina.

El origen del conflicto

El quiebre se produjo el 23 de abril de 2026, cuando la secretaría de Prensa y Comunicación —a cargo de Javier Lanari— dispuso el cierre total del acceso periodístico a Balcarce 50. La medida se fundamentó en una denuncia penal presentada por la Casa Militar contra dos periodistas de TN, Luciana Geuna e Ignacio Salerno, acusados de realizar grabaciones no autorizadas en pasillos y despachos del edificio mediante el uso de “lentes inteligentes”, dispositivos con apariencia de anteojos que permiten registrar imágenes.

Durante once días consecutivos, los periodistas acreditados permanecieron fuera del edificio presidencial, sin poder ejercer sus funciones. Un hecho sin precedentes en la historia democrática del país.

La promesa que no se cumplió

El 4 de mayo, Adorni convocó a una conferencia de prensa en el auditorio de la Casa Rosada y anunció el fin de las restricciones: “Los invito, por supuesto, a retomar la actividad diaria —a partir de hoy— y, de no mediar nuevos inconvenientes, pronto todo va a volver a la normalidad”, dijo Manuel Adorni el 4 de mayo de 2026.

Cuatro días después, el 8 de mayo, el funcionario compareció nuevamente ante los periodistas para presentar a los ministros Alejandra Monteoliva, de Seguridad, y Luis Caputo, de Economía. Ese encuentro derivó en un momento de tensión cuando un periodista consultó a Caputo sobre la presunta existencia de sobresueldos en el gobierno. Desde entonces, Adorni no ha vuelto a enfrentar preguntas de la prensa acreditada en Casa Rosada.


El gobierno libertario decidió cancelar las conferencias de prensa de Manuel Adorni.

La Justicia desestimó la denuncia, pero nada cambió

El 13 de mayo, el juez federal Ariel Lijo rechazó la denuncia por “espionaje” contra Geuna y Salerno, al considerar que no existían elementos suficientes para sostener la acusación. A pesar de que ese expediente judicial era el argumento central que justificaba las restricciones, el gobierno no modificó ninguna de las medidas implementadas.

Así trabaja hoy la prensa en Balcarce 50

La rutina de los periodistas acreditados cambió de manera radical. El nuevo protocolo de ingreso incluye:

- Identificación obligatoria con nombre y DNI en el acceso.

- Ingreso exclusivo por la puerta de Balcarce 78 —la entrada de la comisaría—, diferente al acceso habitual por Balcarce 24.

- Revisión minuciosa mediante escáner y control manual por parte de agentes de seguridad.

- Credenciales que deben portarse en todo momento y devolverse al retirarse del edificio.

- Vigilancia permanente de personal de Casa Militar en los pasillos aledaños a la sala de prensa.

Zonas prohibidas: el mapa de las restricciones

Una vez dentro del edificio, el margen de trabajo periodístico es considerablemente reducido. Las restricciones abarcan espacios de alto valor informativo para la cobertura diaria de la actividad presidencial.

El balcón que da hacia el Salón de los Científicos y el Salón Eva Perón quedó completamente vedado para la prensa. Ambos espacios eran utilizados habitualmente para cubrir actos oficiales y el movimiento de funcionarios. Las puertas vidriadas que conectaban la sala de prensa con esos salones fueron además esmeriladas por orden gubernamental, eliminando incluso la posibilidad de observar desde el interior.

El ala donde funciona la oficina del asesor presidencial Santiago Caputo también está fuera del alcance de los periodistas, al igual que las dependencias de otros funcionarios que allí trabajan.

La restricción más significativa desde el punto de vista operativo es quizás la que afecta al Patio de las Palmeras, en la planta baja. Desde ese espacio, los periodistas podían cubrir la llegada y partida de funcionarios, visitantes nacionales y extranjeros que ingresaban por la explanada de la calle Rivadavia. Hoy ese acceso está completamente prohibido.

Las primeras horas del gobierno de Javier Milei fueron un muestrario de lo que vendría. Con varios años de coberturas gubernamentales, tomé nota para Radio de la Ciudad de que la jura de los primeros ministros del flamante gobierno se realizó en el Salón Blanco, a puertas cerradas y sin prensa. Un hecho sin precedentes que señalaba cómo sería la relación con la prensa desde entonces hacia adelante.

 

(*) Antonio D’Eramo es periodista acreditado en Casa Rosada por distintos medios de comunicación desde el año 1996.

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