El gobierno de Javier Milei puso fin a la carrera de Alejandro Nimo dentro de la embajada de Argentina en España. El funcionario que se presentaba como un “guerrero de la batalla cultural” libertaria, había convertido su despacho en un centro político propio y se exhibía vestido de caballero en ceremonias de organizaciones honoríficas terminó sin oficina y, finalmente, sin cargo.
El cese fue formalizado mediante el decreto 588/2026, publicado este 14 de julio. La norma dispuso su salida como agregado especializado en el área de Promoción de Inversiones y Comercio Internacional y justificó la decisión en la necesidad de conseguir “una mejor eficiencia” en el funcionamiento de la representación diplomática.
El lenguaje burocrático no logra ocultar el desenlace político: Milei respaldó al embajador Wenceslao Bunge Saravia y desautorizó a un funcionario que había comenzado a desarrollar una agenda cada vez más autónoma dentro y fuera de la sede argentina.
La historia, sin embargo, no comienza con el enfrentamiento por un despacho. El archivo de REALPOLITIK muestra que Nimo supo adaptar su discurso a gobiernos y espacios ideológicos muy diferentes antes de abrazar públicamente el anarcocapitalismo.

En diciembre de 2019, Nimo dialogó con RADIO REALPOLITIK FM como abogado especialista en derecho bancario y financiero. En aquella oportunidad promovía la creación de una defensoría del Cliente Bancario que dependiera del Banco Central y emitiera resoluciones vinculantes frente a las entidades financieras.
El letrado explicaba que la iniciativa buscaba proteger “a la parte más débil de la negociación financiera” y cuestionaba que quienes ofrecen créditos impongan tasas, plazos y condiciones que muchas veces terminan siendo injustas.
Nimo también celebraba que integrantes del gobierno de Alberto Fernández, que asumiría pocos días después, hubieran considerado su propuesta “muy social” y manifestado interés en desarrollarla.
Años más tarde, el mismo abogado se exhibiría en España como discípulo de referentes de la escuela austríaca, militante del ultraliberalismo y defensor fervoroso de Javier Milei.
La transformación no fue menor. El impulsor de una oficina estatal destinada a controlar a los bancos terminó convertido en referente de una corriente que cuestiona la intervención pública y propone reducir drásticamente el aparato estatal.
La constante parece haber sido menos doctrinaria que personal: Nimo consiguió acercarse al gobierno entrante en 2019, llegó a la representación argentina en España durante la administración de Alberto Fernández y luego logró sobrevivir al cambio de signo político hasta convertirse en un entusiasta portavoz del mileísmo.
La convivencia con Bunge Saravia comenzó a deteriorarse cuando el embajador intentó centralizar el funcionamiento de la representación diplomática.
El conflicto se hizo público en abril, cuando Nimo denunció en las redes sociales que le habían quitado el despacho donde recibía a empresarios interesados en invertir en la Argentina. No presentó la situación como una simple redistribución administrativa: habló de una agresión y convirtió la pérdida de una oficina en una batalla ideológica.
Según su relato, el lugar se había transformado en un “símbolo” y en un punto de convergencia para los seguidores de Milei en Madrid. En el despacho tenía un cuadro del presidente, imágenes vinculadas con su actividad política y hasta un muñeco del mandatario con una motosierra.
Desde la embajada ofrecieron una explicación mucho más terrenal: había finalizado el alquiler de una de las plantas ocupadas por la representación y fue necesario redistribuir al personal.
Pero la reacción de Nimo expuso que el espacio funcionaba como algo más que una oficina pública. Era una terminal política personal desde la que recibía empresarios, promovía contactos, difundía actividades y se presentaba como referente de la “batalla cultural” libertaria en Europa.
Nimo cuestionó públicamente a Bunge Saravia, lo vinculó con la “casta diplomática” y lo acusó de no comprometerse con el achicamiento del Estado. El agregado terminó enfrentando abiertamente al máximo responsable de la embajada en la que él mismo trabajaba.
El decreto firmado por Milei resolvió esa disputa: la conducción diplomática quedó en manos del embajador y el autodenominado guerrero libertario fue desplazado.
Mientras ejercía una función pública vinculada con inversiones y comercio internacional, Nimo también ingresó a organizaciones privadas que reproducen ceremonias, uniformes, tratamientos y jerarquías de antiguas órdenes de caballería.
En octubre de 2025 anunció públicamente su incorporación como Caballero de Justicia de la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén. En las fotografías sacadas para la ocasión apareció con uniforme negro, cuello verde, cruces, medallas y grandes insignias sobre el pecho.
En mayo de 2026 fue distinguido además como Caballero Comendador de Número de la Imperial Orden Hispánica del Emperador Carlos V, una corporación honorífica creada en España en 1987.
En una de esas ceremonias, César-Carlos Carpallo y Gómez se presentó como padrino de Nimo y describió el momento en que colocó su mano sobre el hombro del funcionario mientras este era cruzado con una espada. “Ha sido un gran honor apadrinar a este caballero con mayúsculas”, escribió Carpallo sobre quien todavía cumplía funciones para el Estado argentino.
Vale aclarar que las condecoraciones no fueron concedidas por Felipe VI ni constituyen distinciones oficiales de la Casa Real española. Se trata de organizaciones privadas vinculadas a círculos nobiliarios y, en distintas etapas, dirigidas o relacionadas con integrantes de ramas de la familia Borbón.
Gracias España! pic.twitter.com/i02Qo0z5k7
— Alejandro Nimo (@alejandronimoAr) May 10, 2026
Las dos investiduras de Nimo corresponden a instituciones diferentes.
La Imperial Orden Hispánica del Emperador Carlos V está encabezada por Enrique de Borbón y García-Lóbez, gran maestre de la corporación que distinguió a Nimo como Caballero Comendador de Número.
La rama de la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén a la que ingresó el exfuncionario argentino es encabezada por Francisco de Borbón von Hardenberg, quien se presenta como su 50º gran maestre y es sobrino de Enrique de Borbón.
La relación familiar conecta así a las dos estructuras que concedieron reconocimientos a Nimo, aunque se trate de organizaciones distintas, con autoridades, estatutos y ceremonias propias.

En el caso de San Lázaro, el contexto adquirió una gravedad adicional meses después de la incorporación del funcionario argentino.
Francisco de Borbón fue detenido en febrero de 2026 en el marco de una investigación de la Audiencia Nacional española sobre una presunta red de blanqueo de capitales procedentes del narcotráfico.
Tras pasar dos noches bajo custodia, quedó en libertad provisional luego de depositar una fianza de 50 mil euros. También se dispuso la retirada de su pasaporte, la prohibición de abandonar España y la obligación de comparecer periódicamente ante el juzgado.
El aristócrata negó cualquier participación en actividades ilícitas, defendió su integridad y mantiene intacta su presunción de inocencia. La causa continúa bajo investigación y no existe, hasta el momento, una condena firme en su contra.
Según las pesquisas difundidas por la prensa española, los investigadores sostienen que existirían indicios de una posible colaboración con una estructura utilizada para mover fondos vinculados con la organización atribuida a Ignacio Torán y al exjefe de la UDEF, Óscar Sánchez Gil.
El expediente judicial alcanzó incluso a la propia Orden de San Lázaro. De acuerdo con documentación incorporada al sumario, una empresa vinculada con Juan Ángel Cervera, también investigado y socio de Francisco de Borbón en ET Fintech Europe, habría transferido 1.062 euros a la organización en concepto de ingreso, gastos de ceremonia, diploma y venera.
La operación vuelve más relevante la pregunta sobre los controles internos, las relaciones empresariales y los criterios utilizados por la orden que lo incorporó como Caballero de Justicia.
La propia legitimidad del título de Francisco de Borbón también es discutida. Existen varias organizaciones que se presentan como continuadoras de la antigua Orden de San Lázaro. Después de su detención, una rama encabezada por François d’Orléans, conde de Dreux, se desvinculó públicamente y sostuvo que la estructura dirigida por el hijo del fallecido duque de Sevilla constituye una escisión sin relación con la suya.
Está de más decir que pertenecer a estas instituciones no constituye por sí mismo una irregularidad. Tampoco existe hasta el momento documentación pública que demuestre que Nimo haya cobrado comisiones, realizado operaciones privadas o cometido tráfico de influencias. Pero la superposición de roles abre interrogantes inevitables.
Nimo era un funcionario argentino cuya misión consistía en contactar inversores, promover negocios y generar relaciones comerciales para el país. Al mismo tiempo, construía vínculos personales dentro de órdenes privadas integradas por empresarios, profesionales, aristócratas y personas con acceso a redes internacionales.
¿Dónde terminaban sus actividades oficiales y dónde comenzaba su agenda particular? ¿Las relaciones obtenidas en esos círculos fueron utilizadas exclusivamente para beneficio de la Argentina? ¿Qué controles existían sobre los encuentros que organizaba fuera de la estructura formal de la embajada? ¿Qué inversiones concretas consiguió durante su gestión y cuáles fueron sus resultados?
También corresponde preguntarles a las organizaciones que lo incorporaron qué méritos analizaron antes de concederle sus títulos, qué documentación solicitaron y si conocían los cuestionamientos que ya rodeaban su actuación diplomática. En el caso de San Lázaro, la pregunta alcanza directamente a la estructura encabezada por Francisco de Borbón von Hardenberg. En el de Carlos V, a la corporación dirigida por su tío, Enrique de Borbón y García-Lóbez.

¿Qué servicios, acciones humanitarias, antecedentes profesionales o aportes institucionales justificaron la incorporación de Nimo? ¿La evaluación se limitó a sus contactos, su actividad diplomática y su inserción en ámbitos empresariales?
Las órdenes de caballería y hospitalarias suelen reivindicar valores como el servicio, el honor, la disciplina y la ayuda humanitaria. Sus propios principios plantean, al menos en términos institucionales, una distancia respecto del aprovechamiento comercial o del lobby interno.
Sin embargo, Nimo ocupaba una posición ideal para mezclar contactos oficiales, redes privadas, militancia ideológica y promoción empresarial.
REALPOLITIK ya había advertido sobre la particular forma en que Nimo ejercía sus funciones en Madrid.
En junio de 2025, este medio informó que el funcionario, sin pertenecer a la carrera diplomática, había logrado ocupar diferentes posiciones dentro de la representación argentina y era señalado por utilizar recursos públicos para entregar costosos obsequios y favorecer la contratación de personas de su entorno.
Uno de los casos mencionados fue el nombramiento de Eva Carrasco Bañuelos como directora del Colegio Mayor Argentino en Madrid, con un salario superior a los 6 mil euros. Carrasco es esposa del economista alemán Philipp Bagus, profesor de Nimo y referente del ambiente ultraliberal cercano a Milei y al economista español Jesús Huerta de Soto.
Aquellos antecedentes adquieren ahora una nueva dimensión. Nimo no solo buscaba consolidarse dentro de la embajada: construía una red propia, cultivaba vínculos ideológicos, participaba de foros empresariales y se proyectaba dentro de organizaciones honoríficas.
El problema no era únicamente su conversión en militante libertario. Era la creciente dificultad para distinguir entre la agenda institucional de la Argentina y el proyecto personal de su agregado de inversiones.

El recorrido político de Nimo exhibe una llamativa capacidad de adaptación.
En 2019 promovía una iniciativa celebrada como “social” por integrantes del gobierno de Alberto Fernández. Más tarde fue designado en la representación argentina durante aquella misma administración. Con la llegada de Milei, lejos de quedar alcanzado por la motosierra, se reconvirtió en militante libertario.
En sus redes comenzó a definirse como anarcocapitalista, menemista, mileísta y “guerrero de la batalla cultural”. También se presentó como discípulo de Huerta de Soto y utilizó su lugar en Madrid para promover encuentros con empresarios y sectores de la derecha radical europea.
El funcionario que había llegado durante el peronismo logró transformarse en uno de los defensores más estridentes del nuevo gobierno. Pero la sobreactuación ideológica no alcanzó para asegurarle la permanencia.
Cuando su proyecto personal chocó con la conducción formal de la embajada, Milei terminó apoyando al embajador. Según informó la prensa española, Nimo sostuvo después de su desplazamiento que se trataba de una “decisión personal, acordada con el gobierno”, pese a que el decreto oficial no menciona ninguna renuncia y dispone expresamente su cese.

El desenlace tiene una cuota inevitable de ironía. Nimo denunció que le habían quitado un despacho que él mismo había convertido en símbolo del mileísmo. Después alquiló una oficina por su cuenta para continuar con sus actividades. Finalmente, el gobierno al que defendía terminó quitándole también el cargo que legitimaba su acceso a empresarios, funcionarios y potenciales inversores.
Se quedó sin despacho y sin función diplomática. Conserva, al menos, los uniformes, las cruces y los títulos concedidos durante su paso por España.
Lo que todavía queda por determinar es si aquellas investiduras fueron solamente la expresión de una fascinación por el ceremonial nobiliario o si también funcionaron como puerta de entrada a una red de relaciones utilizada para alimentar una agenda política y empresarial particular.
La situación judicial de Francisco de Borbón obliga a revisar con mayor detenimiento el entramado de vínculos dentro del cual el funcionario argentino decidió insertarse mientras representaba los intereses del país.
La salida de Nimo no parece ser el resultado de una simple pelea por metros cuadrados. Milei ya respondió con el decreto. Ahora resta saber qué hizo Nimo durante los años en que actuó en nombre de la Argentina, qué resultados concretos dejó su gestión y por qué dos órdenes privadas que proclaman el mérito, el servicio y el honor decidieron abrirle sus puertas. (www.REALPOLITIK.com.ar)