Sábado 15 de agosto de 2026

Nacionales

Ajuste y Fuerzas Armadas

Defensa nacional: ¿Argentina está preparada para enfrentar un ataque exterior?

15/08/26 | F-16, ajuste, ciberdefensa y falta de estrategia reabren el debate sobre si Argentina está preparada para enfrentar una agresión externa.


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Por:
Jorge Suárez

El 10 de agosto de 2026, con motivo de su 114º aniversario, la Fuerza Aérea Argentina realizó un desfile aéreo en el que los protagonistas fueron los aviones de combate F-16 adquiridos a Dinamarca. También participaron aeronaves de transporte C-130 y Twin Otter, aviones de entrenamiento IA-63 Pampa y helicópteros. Este acto se inserta una crítica pública llevada a cabo por un popular comentarista de temas militares, afín al gobierno, Nicolás Promanzio, con una voz sumamente crítica con la actual conducción de la Fuerza Aérea. 

En redes sociales, algunos medios especializados en temas de defensa se hicieron eco de las declaraciones del citado analista, quien afirmó en su programa de streaming: “Sobra gente en las Fuerzas Armadas”.

Luego puso especial énfasis en la situación de la Fuerza Aérea, que, según señaló, cuenta con unos 21 mil efectivos y apenas una decena de aeronaves operativas. “Con 4 mil personas se mueve esa Fuerza Aérea”, sostuvo. Y agregó: “El efecto que hoy le da la Fuerza Aérea al Estado argentino y a la sociedad argentina no vale 21 mil sueldos”.


Javier Milei probando uno de los nuevos F-16 junto a Karina Milei, Luis Petri y el jefe de la Fuerza Aérea, Gustavo Valverde.

Estas declaraciones aparecieron semanas después de que trascendieran las intenciones del ministerio de Desregulación y Transformación del Estado de fusionar la Armada Argentina con la Prefectura Naval, tema explorado por REALPOLITIK en su oportunidad.

El medio especializado Pucará Defensa también alzó su voz sobre la crisis de la Fuerza Aérea. En un reciente artículo, su director señaló: "La realidad de la Fuerza Aérea Argentina es tal vez una de las más críticas en su historia". Allí, resalta el proceso de adquisición de los aviones F16, en un contexto de penurias que paralizan trabajos de mantenimiento de la flota de transporte táctico y de entrenamiento. Además, carga las responsabilidades sobre la conducción de la fuerza aérea por no alertar sobre la necesidad de inversiones a los funcionarios del ministerio de Defensa. Existe un contexto de ajuste presupuestario, que transforma en ilusorio cualquier incremento del presupuesto. Algo que los medios especializados parecieran no comprender. 

Tanto los señores Santiago Rivas (de Pucará Defensa) y Promanzio ponen de relieve la crisis de la Fuerza Aérea -omitiendo que este proceso se agudizó con la actual gestión- por la política de austeridad fiscal, agregándose un elemento vital para el planeamiento: la ausencia de una estrategia. Desde el inicio del gobierno del presidente Javier Milei, el país espera una Directiva de Política de Defensa. 

Tanto Santiago Rivas, de Pucará Defensa, como Promanzio advierten sobre la crisis de la Fuerza Aérea y los efectos de la política de austeridad fiscal, aunque omiten que el deterioro se profundizó durante la gestión de Javier Milei. A la falta de recursos se suma un problema todavía más relevante para el planeamiento militar: la ausencia de una estrategia definida. Desde la llegada de Javier Milei al gobierno, sigue pendiente una nueva directiva de política de Defensa Nacional.

La cuestión no es el presupuesto, sino qué tipo de Fuerzas Armadas requiere la Argentina.

Las guerras en Ucrania, Nagorno Karabaj, Sudán, Irán y Líbano, ponen de relieve una profunda transformación del conflicto, especialmente con la expansión y el uso intensivo de armas autónomas y semiautónomas, además del empleo de la inteligencia artificial en el planeamiento de las operaciones (Israel lo empleó en Gaza). En lo referente al espacio aéreo, plantea importantes cambios y un fuerte debate sobre el combate aéreo futuro, como la denominada guerra mosaico.  

En las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos comenzó a debatirse un cambio de enfoque: dejar de concentrar múltiples funciones en un único y costoso avión de combate multirrol. Por razones económicas y operativas, esas capacidades podrían distribuirse entre distintas aeronaves, tanto tripuladas como no tripuladas, conectadas mediante una red dinámica para compartir datos y tareas de procesamiento.

Los desarrollos en la aviación de combate futura tienen previsto actuar con plataformas autónomas o semiautónomas. De hecho, la Fuerza Aérea norteamericanas en 2024 ensayó maniobras de combate con un F16 con piloto automático controlado por inteligencia artificial. 


Fuerza Aérea de EE. UU. adapta F-16 a operaciones sin piloto con IA.

¿Alguien está pensando en Argentina en el campo de batalla actual y futuro? Hemos visto en Irán que Israel y Estados Unidos dieron un golpe estratégico contra el liderazgo político militar iraní, buscando paralizar su proceso de toma de decisiones en el nivel de la estrategia, agregándose una agresiva campaña contra infraestructuras críticas para provocar el colapso de la resistencia persa.

La respuesta fue la adopción de una estrategia de guerra mosaico, combinada con acciones de denegación aérea y antiacceso —como el eventual bloqueo del estrecho de Ormuz—, junto con la reconstrucción de líneas interiores destinadas a evadir o reducir los efectos de un bloqueo impuesto por Estados Unidos. Irán desarrolló además capacidades militares orientadas a compensar sus debilidades en materia de aviación de combate convencional. Ese desarrollo, acompañado por un planeamiento adecuado, permite a sus fuerzas operar y combatir de manera descentralizada.

A pesar de la eliminación de su máximo líder político-religioso, Alí Jamenei, y de buena parte de los responsables de la conducción política y militar del país, Teherán contaba con una preparación previa para afrontar el conflicto que hoy lo enfrenta con Washington. Jamenei murió en los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero de 2026, junto con otros altos funcionarios iraníes. La pregunta que cabe formularse es si en Argentina existe una planificación para afrontar un escenario semejante: un golpe estratégico dirigido contra el liderazgo político, las estructuras de conducción o las infraestructuras críticas del país.

En Argentina, un organismo clave como el Comando Conjunto de Ciberdefensa atraviesa además las consecuencias de la venta de su histórica sede de Puerto Madero. El inmueble fue subastado en 2025, en medio de cuestionamientos acerca del proceso de traslado y de la infraestructura destinada a reemplazar esas instalaciones. La cuestión no es menor: en los denominados conflictos de zona gris, los ciberataques pueden afectar sistemas bancarios, redes energéticas, comunicaciones y otras infraestructuras esenciales, con capacidad para provocar una crisis de alcance nacional. El propio ministerio de Defensa define entre las funciones del Comando la protección de sistemas militares e infraestructuras críticas vinculadas con la defensa.

Sin embargo, ciertos “gurúes” de la defensa y buena parte de los autoproclamados expertos que proliferan en las redes sociales o participan de conferencias suelen dejar de lado cuestiones centrales: la vulnerabilidad de los cables submarinos, los desafíos que plantea la computación cuántica para la ciberseguridad, la creciente robotización del campo de batalla y la protección de las infraestructuras críticas argentinas.

La defensa nacional no puede reducirse a discutir cuántos efectivos tiene la Fuerza Aérea o cuántos aviones de combate están disponibles. También supone preparación territorial, infraestructura y políticas de desarrollo capaces de sostener un esfuerzo de defensa. En ese sentido, el deterioro de la red ferroviaria argentina constituye un problema estratégico: después de años de desinversión, una eventual movilización de fuerzas de determinada magnitud enfrentaría serias dificultades logísticas.

A todo esto se suma la cuestión de los puertos y la infraestructura de apoyo. La Armada carece de suficientes puntos de apoyo más allá de Puerto Belgrano, mientras que también persisten interrogantes sobre la disponibilidad de aeródromos adecuados para operar y desplegar los “flamantes” cazas F-16.

Tampoco existe un sistema de movilización suficientemente desarrollado que permita recurrir, en caso de crisis o emergencia nacional, a medios y bienes civiles para sostener operaciones militares de determinada magnitud. En este contexto, llama la atención la falta de iniciativas del ministerio que conduce Carlos Presti en una materia que resulta central para cualquier planificación estratégica.


Javier Milei y Carlos Presti.

En materia aeroespacial, el país no solo necesita avanzar con el plan de radarización del territorio nacional y fortalecer sus medios de alerta temprana, sino también contar con satélites de comunicaciones y observación destinados a las necesidades de la defensa nacional.

El gobierno libertario continúa con un programa de ajuste que parece no tener fin. En ese contexto, es altamente probable que las Fuerzas Armadas, que atraviesan tiempos de austeridad más allá de algunas adquisiciones puntuales, vuelvan a quedar expuestas a recortes. También existe el riesgo de que parte de su patrimonio despierte un especial interés como fuente de recursos para sostener el equilibrio de las cuentas públicas.

La responsabilidad por la situación de indefensión nacional -que viene de lejos-, más allá de las obligaciones que corresponden a los altos mandos militares, es esencialmente política. Determinar si sobran o no militares es, en todo caso, una discusión secundaria: la cantidad de efectivos, su despliegue, organización, equipamiento y doctrina deberían ser consecuencia de una estrategia previamente definida. Y esa sigue siendo una de las grandes cuentas pendientes desde el inicio de la actual gestión. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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