El gobierno de Javier Milei prepara otra ofensiva por Malvinas: la pesca entra en la mira
Por Luciano Barroso
La construcción de la Base Naval de Ushuaia, junto con el polo logístico antártico, se proyecta desde la década del 70. En los últimos años se hicieron distintos anuncios sobre el inicio de las obras. El gobierno de Javier Milei asumió el compromiso de destinar una importante partida presupuestaria al proyecto, en el marco de la nueva política sobre Malvinas. Sin embargo, existe un antecedente poco conocido: el denominado Plan Austral Luis Piedrabuena, impulsado por la empresa estatal COVIARA —en proceso de liquidación durante la actual gestión— para construir la citada base y el Polo Logístico Antártico Internacional.
En una nota fechada el 26 de mayo de 2026 y enviada al ministerio de Defensa, el entonces presidente de la empresa estatal COVIARA, Guillermo Rey Méndez, propuso el “Plan Austral Luis Piedrabuena”. La compañía sería responsable del diseño, la planificación, la dirección y la construcción de un complejo que concentrara en Ushuaia no solo la base naval, sino también una plataforma logística internacional para las actividades antárticas de la Argentina y de los numerosos países que tienen bases en el continente blanco.
El Plan Luis Piedrabuena planteaba desarrollar, en propiedades del Estado nacional, un clúster antártico similar al que tiene Nueva Zelanda en la ciudad de Christchurch, con el Polo Logístico Antártico Internacional (PLAI), en la península de Ushuaia, como eje del proyecto. La propuesta de COVIARA no solo señalaba el potencial de la ciudad chilena de Punta Arenas como competidora y “puerta de entrada” a la Antártida, sino también el de Puerto Williams, localidad ubicada en la isla Navarino, frente a Ushuaia. Allí se construye actualmente un muelle multipropósito capaz de recibir cruceros, con el objetivo de convertir a Puerto Williams, para 2027, en un centro de apoyo al turismo y a las actividades científicas en la Antártida.
El informe resaltaba que la Armada cuenta con inmuebles de gran valor en Ushuaia que, mediante mecanismos de cooperación con las autoridades locales y el sector privado, podrían generar recursos para financiar el PLAI. El traslado de la actual Base Naval de Ushuaia liberaría espacios que podrían ser enajenados para costear la mudanza, en el marco de un programa de desarrollo urbanístico.
Las obras previstas por el plan de COVIARA incluían la construcción de infraestructura para recibir buques antárticos civiles y militares, con la intención de convertir a Ushuaia en el centro de apoyo logístico más importante del hemisferio sur. Una de las ventajas que ofrece la creación de este polo es el régimen de zona franca de Tierra del Fuego. De ese modo, los usuarios del puerto propuesto no tendrían restricciones aduaneras, lo que facilitaría el uso de depósitos por parte de buques de diferentes países que desarrollan campañas antárticas.
El polo antártico de Ushuaia también podría alojar a la dirección nacional del Antártico e incluso impulsar la creación de un Centro Antártico Internacional, favorecido por la existencia de un aeropuerto internacional y potenciado por la construcción de muelles para buques de gran porte.
El plan maestro de COVIARA estaba dividido en tres etapas, a desarrollarse a lo largo de tres o cuatro años, con un costo de 290 millones de dólares. Parte de ese monto se financiaría mediante la venta de inmuebles, mecanismo que, según las estimaciones, permitiría cubrir casi el 50 por ciento del costo del proyecto.
La primera fase preveía un desembolso de 80 millones de dólares para la construcción de caminos de acceso, servicios hacia el muelle, talleres y alojamiento para operarios, además del inicio de las obras de los propios muelles. De acuerdo con COVIARA, el presupuesto del Plan Luis Piedrabuena incluía, siempre en moneda estadounidense, 40 millones para la Base Naval de Ushuaia; 110 millones para viviendas destinadas al personal civil y militar; 30 millones para el Polo Logístico; 60 millones para el muelle antártico; y otros 50 millones para infraestructura.
La propuesta de COVIARA iba mucho más allá del traslado de la base de Ushuaia: buscaba impulsar el denominado Corredor Marítimo Austral como parte de una política de desarrollo del extremo austral del país. ¿Qué era el Corredor Austral? Se trata de un viejo proyecto, que data de 1972, para conectar por vía marítima la provincia de Santa Cruz con Tierra del Fuego sin necesidad de atravesar territorio chileno.
En 1985, mediante la ley 23.212, fueron declaradas de interés nacional las obras necesarias para implementar un sistema de conexión marítima entre ambos territorios. A pesar de las buenas intenciones, los avances concretos nunca llegaron. En 2012, la ley 26.776 declaró la integración política de Estado y facultó al Poder Ejecutivo a realizar las acciones necesarias —incluida la creación de un fondo fiduciario— para establecer una línea de ferry con buques del tipo roll-on/roll-off. La presidencia de Mauricio Macri congeló el proyecto.
El Plan Piedrabuena expuesto por COVIARA constituye una verdadera maniobra geopolítica. El Polo Logístico Antártico de Ushuaia y la conexión marítima permitirían reducir la dependencia de Punta Arenas —principal competidora de la ciudad fueguina como puerta de entrada a la Antártida— y bajar costos.
La nota presentada por el presidente de COVIARA señalaba que el uso de la conexión vía Chile entre Santa Cruz y Tierra del Fuego significó una pérdida de 50 millones de dólares. Por otra parte, el proyecto impulsaría el desarrollo del norte de la isla Grande de Tierra del Fuego mediante una nueva terminal portuaria, además de eliminar los condicionamientos derivados de depender de un tercer país para conectar la provincia con el resto de la Argentina.

El discurso optimista del gobierno de Milei no coincide con la realidad del Área Naval Austral de la Armada. No solo es necesario construir la Base Naval Integrada —denominación que implica contar tanto con buques como con elementos de Infantería de Marina—, sino también disponer de medios adecuados para la defensa del peculiar archipiélago fueguino.
En mayo de 2026, por falta de recursos, el dique flotante de reparaciones Y-3 de la Armada se hundió en el puerto de Ushuaia. Se trata de un equipo de 80 años cuyo reemplazo era reclamado desde hacía largo tiempo. En 2023, el gobierno nacional suscribió un acuerdo con el Ente Administrador Río Santiago para construir un dique flotante autocarenable para la Base Naval de Ushuaia por 15 millones de dólares. Sus capacidades lo hacían apto para buques de hasta 3.200 toneladas, ideal para los medios de la Flota de Mar.
La gestión del área de Defensa, encabezada por Luis Petri, dio por tierra con aquel acuerdo. Los escasos recursos destinados a inversión en esa cartera fueron absorbidos por el programa Peace Condor, correspondiente a la compra de aviones F-16.
Disponer de un dique flotante es crítico, dado que los barcos que operan en Tierra del Fuego deben recorrer grandes distancias para realizar tareas de reparación y mantenimiento. La opción más cercana es Punta Arenas, en Chile. La construcción de la Base Naval Integrada demanda instalaciones adecuadas para el mantenimiento y la reparación de buques civiles y militares.
El Área Naval Austral cuenta con medios anticuados. Sus unidades con mayor capacidad militar son dos patrulleros de la clase Indómita, adquiridos en 1974 y 1975 a los astilleros alemanes Lürssen. Solo la ARA Intrépida dispone de misiles antibuque desde 1998. Junto con estas embarcaciones operan cuatro patrulleros de origen israelí de la clase Dabur, de 39 toneladas, adquiridos en 1978, y un veterano remolcador de la década del 60. Estas unidades reciben la denominación de “fuerzas sutiles” y están especialmente diseñadas para operar en los canales fueguinos.
La Armada también cuenta en Tierra del Fuego con los batallones de Infantería de Marina números 4 y 5, que integran la Brigada de Infantería de Marina Austral. A pesar del nivel de preparación de los infantes de Marina argentinos, ambas unidades carecen de la cantidad de personal adecuada para funcionar: en los hechos, se trata de compañías reforzadas.
Los mejores salarios de la Policía provincial constituyen una seria competencia a la hora de reclutar personal. Las unidades de la Armada desplegadas en un área de alto valor estratégico, como el extremo austral, son a todas luces el pariente pobre de la institución.
Estamos ante un teatro de operaciones caracterizado por aguas profundas y costas elevadas que favorecen la vigilancia, pero cuyos fondos requieren un conocimiento especial por parte de las fuerzas navales. Allí también se encuentran objetivos de valor estratégico, como plataformas de explotación petrolera offshore, líneas de comunicación marítima y puntos de apoyo importantes para la proyección de fuerzas sobre los accesos interoceánicos.
Los escasos medios de los que dispone la Armada en Tierra del Fuego son responsables de puntos tan relevantes como la Isla de los Estados. Por su posición, constituye un enclave que permite la vigilancia y el control de áreas como la boca del Estrecho de Magallanes, el Canal de Beagle y el Pasaje de Drake. Además, la isla se encuentra a 346 kilómetros de las Malvinas. El creciente interés de actores como Estados Unidos por el control de los pasajes interoceánicos pone en valor ese territorio, donde la presencia del Estado se limita a un destacamento naval.
Estamos frente a un “triángulo estratégico” formado por el archipiélago fueguino, las Malvinas, el Pasaje de Drake y las costas antárticas. Allí no solo se requiere construir la Base Naval Integrada de Ushuaia, sino también disponer de medios adecuados: patrulleros con capacidad para lanzar misiles y golpear objetivos a distancia; transportes multipropósito para el sostén logístico y el despliegue de elementos anfibios; y helicópteros para apoyar las operaciones de Infantería de Marina y de fuerzas especiales.

Los objetivos a proteger y las características del área donde operan las Fuerzas Armadas en el extremo austral indicarían la necesidad de pensar en una estrategia de denegación de área y antiacceso, como la aplicada por Irán en el Estrecho de Ormuz.
Las poco felices declaraciones del jefe de la Fuerza Aérea, brigadier general Gustavo Valverde, en el programa de streaming La Fábrica del Podcast —donde afirmó que la zona de Magallanes, el sur y el Pasaje de Drake representan una cuestión de soberanía y una “llave bioceánica Atlántico-Pacífico” en la que es necesario “hacer presencia”— se sumaron a los dichos del exjefe del Servicio de Hidrografía Naval, almirante Hernán Montero, quien señaló que la boca del Estrecho de Magallanes estaba bajo control argentino.
Las expresiones hicieron escalar la tensión con Chile, que llevó a cabo un importante ejercicio militar en el extremo austral, con la presencia del presidente José Antonio Kast. Allí, las Fuerzas Armadas del país transandino pusieron a prueba su nivel de alistamiento y su capacidad para realizar operaciones conjuntas bajo el liderazgo del Comando Conjunto Austral.
Los ejercicios se desarrollaron del lado chileno de la isla Grande de Tierra del Fuego e incluyeron operaciones de interdicción marítima, maniobras anfibias, acciones antisubmarinas y reabastecimiento en el mar. Para ello fueron desplegados cuatro fragatas, un buque de asalto anfibio, un remolcador y dos submarinos. El Ejército participó con unidades mecanizadas y blindadas y trasladó por vía marítima un regimiento desde Talcahuano. Se estima que unos 3.000 efectivos participaron de las maniobras.
El mensaje fue claro: demostrar la capacidad de Chile para defender sus intereses en el extremo austral. Mientras tanto, del lado argentino quedó expuesto el nivel de vulnerabilidad. En este contexto, la Corporación de Desarrollo de las Islas Malvinas y la naviera chilena Easter Island llegaron a un acuerdo para crear una ruta marítima entre Puerto Argentino y Punta Arenas.
El acuerdo de 2011, un éxito diplomático argentino mediante el cual los países del Mercosur y asociados se comprometieron a prohibir la recalada de barcos con bandera de las Islas Malvinas, quedó reducido a papel mojado. Sin ninguna duda, estamos frente a un escenario de crisis en puerta.

En los últimos años se instaló una narrativa sumamente perjudicial contra el régimen de promoción industrial de Tierra del Fuego, creado bajo el paraguas del Área Aduanera Especial para fomentar la radicación de población e impulsar el desarrollo de una zona periférica. Eliminarlo generaría una situación social muy delicada, además de un impacto geopolítico: mientras Punta Arenas se consolida como un polo de desarrollo en ascenso, Tierra del Fuego incrementaría sustancialmente su dependencia de Chile, una situación que podría extenderse a Santa Cruz y tener consecuencias políticas.
La solución es impulsar la exportación y la diversificación siguiendo el modelo de la Zona Franca de Manaos, que obliga a las empresas radicadas allí a invertir un porcentaje de sus ganancias en innovación y desarrollo. El gobierno brasileño, por medio de instituciones oficiales y privadas y del sistema universitario, apoya la innovación en las empresas del polo industrial de Manaos.
Ese sería el camino que debería seguir Tierra del Fuego, junto con la construcción de una terminal portuaria en Río Grande y la incorporación de una red de proveedores locales y regionales a la cadena de valor del Área Aduanera Especial.
Si la Argentina quiere contrarrestar el potencial económico de la explotación petrolera en Malvinas y los planes de desarrollo de Punta Arenas, debería tomar nota del caso de la ciudad china de Shenzhen, donde fue creada una zona económica especial para competir con el entonces enclave británico de Hong Kong. Shenzhen terminó opacándolo gracias a un crecimiento vertiginoso. El declive de Hong Kong como centro financiero e industrial del sur de China fortaleció a Pekín y, sin ninguna duda, contribuyó a la retirada del Reino Unido de aquella colonia.
La defensa del lejano sur argentino no dependerá solamente de construir una base naval y el tantas veces anunciado polo logístico antártico, sino también de impulsar políticas de desarrollo e innovación que conviertan a Tierra del Fuego en un polo de atracción geopolítica. (www.REALPOLITIK.com.ar)