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2 de febrero de 2021 | Provincia

Doble discurso

Kicillof avanza con la cubanización del IOMA pero mantiene su afiliación familiar a OSDE

Los primeros intentos de Kicillof de reformar el sistema de la obra social de la provincia comenzaron el año pasado. La decisión de asfixiar a la agremiación que representa a los médicos y despersonalizar la atención de los afiliados generó una marcha sin precedentes en la capital bonaerense. La polémica sigue.

Lo que este medio narraba a mediados del año pasado y el titular del IOMA, Homero Giles, negaba a rajatabla, terminó por convertirse en realidad: aprovechando la emergencia sanitaria, el gobierno de la provincia de Buenos Aires se embarcó en una descontrolada inversión en clínicas y centros de salud para los afiliados con el objetivo de cambiar el modelo de atención.

De hecho, el único gremio que revisó estas maniobras denunciando estafas multimillonarias fue el Sindicato Único de Profesionales Trabajadores y Técnicos del Instituto de Obra Medico Asistencial de la provincia de Buenos Aires (SUPTTIOMA), que conduce Idelmar Seillant. Pero hace solo algunos días, con absoluta impunidad, Kicillof despidió a la cúpula gremial para sacarse el problema de encima.

En resumen, el objetivo último de Kicillof y Giles es que los afiliados al IOMA deban utilizar estas nuevas dependencias en forma obligatoria para, de este modo, romper el vínculo que une a los médicos con la agremiación que los representa. Así la provincia podrá negociar directa e individualmente con los profesionales, abandonados gremialmente y en una posición de clara disparidad de poder. En la práctica, esto significa que el afiliado al IOMA estará obligado a recurrir a las clínicas de la obra social y consecuentemente no podrá atenderse con su médico de cabecera.

El plan de cubanización, aprendido por Homero Giles durante sus estudios universitarios en Cuba, despertó todavía más bronca entre los afiliados al IOMA cuando, en julio del año pasado, REALPOLITIK sacó a la luz que tanto el gobernador como su familia ni siquiera habían tramitado el carnet de IOMA: hace muchos años que todos ellos están afiliados a la costosa obra social privada conocida como OSDE.

Durante las semanas posteriores, este medio descubrió que lo mismo ocurría en el seno de su gabinete y entre los legisladores bonaerenses: la inmensa mayoría no quiere a IOMA como obra social y prefirió contratar OSDE o alguna otra obra social privada.

Actualmente ya no quedan dudas sobre el destino que le depara al IOMA en la gestión de Kicillof y Giles. Los afiliados son mayormente trabajadores estatales cautivos, ya que las regulaciones vigentes tampoco les permiten elegir libremente su obra social. Pero lo cierto es que, a pesar de las críticas de siempre, el IOMA resultaba cómodo y práctico para la mayoría de los usuarios.

El plan de Kicillof despierta cada vez más malestar por muchos motivos, no solo por impedir que los afiliados puedan optar con qué médico atenderse. Este programa fue inconsulto y ocultado deliberadamente, y abrió la posibilidad de un profundo derroche de fondos sin ningún tipo de control que derivó en el insólito intento de destruir a dos gremios. Para colmo, en el medio, con miles de afiliados desoídos por el IOMA, el gobernador legalizó el desvío de su exhorbitante superávit, fruto del aporte de miles de trabajadores.

Pero sin ningún tipo de dudas, lo que más molesta entre los afiliados es el doble discurso. Hoy, cuando el camino marcado por la gestión provincial resulta evidente, la doble vara del gobernador queda todavía más expuesta.

Cuando en el mes de julio de 2020 este medio dio a conocer que Kicillof y su familia ni siquiera habían tramitado el carnet del IOMA, solo bastaron 24 horas para que estos culminaran el trámite de inscripción e ingresaran a las bases de datos de la obra social del estado como afiliados.

Sin embargo, todo resultó una vulgar puesta en escena.

Seis meses después, cuando el plan de cubanización comenzó a llevarse a la práctica, tanto Kicillof como su pareja Soledad Quereilhac (quien estudia ocultismo en el CONICET) y sus dos hijos, continúan afiliados a OSDE porque jamás tramitaron la baja. Así se desprende de la base de datos de ANSES a la que este medio tuvo acceso.

Como es de esperar, entre los ministros y legisladores bonaerenses existió todavía mucho menos preocupación por disimular lo que resulta evidente: lejos de ser una obra social de “excelencia” y de estar al servicio de los trabajadores, IOMA se ha convertido en una caja negra más preocupada en satisfacer los intereses de la política que de los afiliados. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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ETIQUETAS DE ESTA NOTA

Salud, IOMA, Idelmar Seillant, Axel Kicillof, OSDE, Homero Giles, Soledad Quereilhac

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